Entrevista a Pere Olivé, historietista

Copio y pego la entrevista que hice la semana pasada al historietista Pere Olivé (Barcelona, 1941) para la revista de cómics 13 Millones de Naves [para leerla en la web, clica AQUÍ]:

Trazar el recorrido profesional de Pere Olivé (Zaragoza, 1941) es como realizar un resumen de la historia del tebeo en nuestro país desde 1970 hasta nuestros días. Es también un signo de los tiempos, ya que las publicaciones en las que este historietista ha colaborado a lo largo de su carrera actuaron de espejo de la sociedad de su momento: desde el TBO de los coletazos de un régimen político que languidecía, pasando por las crónicas políticas de finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo anterior en Por favor o Diari de Barcelona, hasta llegar a los superhéroes americanos de la editorial Planeta que dominaron el mercado del tebeo durante los años 90.

-Para empezar, ¿podríamos decir que es el humor el aspecto más destacado de tu trabajo?

Sin duda es una de mis facetas, aunque mi labor principal ha sido la de grafista. Cursé estudios de Dibujante Proyectista, y trabajé en varias agencias de publicidad como diseñador gráfico antes de dedicarme al mundo editorial.

-Aunque ya habías debutado con una tira en TBO en 1969, profesionalmente comenzaste en 1970 en la revista Patufet -una publicación de tinte catalanista- y, encima, rompiendo moldes, ¿no? ¿Como fue ese camino?

Me llamó un día la agencia el director del TBO, Alberto Viñas, y me ofreció la posibilidad de dibujar todos los anuncios para la revista. Aproveché para ofrecerle algunas tiras y, al poco, el editor de Patufet, Josep Maria Baguñà, me propuso el puesto de redactor jefe para que renovara la publicación, ya que había aparecido a finales de 1968 con un look de los años 30, que no resultaba atractivo en aquel momento.

-Es de suponer que procedías de una tradición ibérica marcada por TBO y otras publicaciones similares, pero ¿reconoces también otras influencias europeas y/o americanas?

Sí, desde niño el TBO era una de mis revistas favoritas y copiaba con frecuencia sus viñetas. Como a tantas personas de mi generación, la lectura de tebeos era una de mis grandes aficiones. El cómic americano lo descubrí mucho más tarde.

-Más tarde, compaginaste tu trabajo en Patufet con TBO, ¿cómo fue la etapa de TBO y en qué consistía tu trabajo en esta publicación?

Mi labor principal era la de adaptar anuncios de todo tipo al estilo del TBO. Cuando se jubiló el dibujante Urda me ofrecieron durante un par de años la sección De todo un poco y dibujé también algunas tiras y pequeñas historietas. Acudía al TBO sólo como colaborador, ya que trabajaba a jornada completa en Editorial Baguña para ocuparme del semanario Patufet y la edición de calendarios.

 

-¿Qué estilos o tendencias de dibujo marcaban la pauta para el público a mediados de los años 70? ¿Te sentías cómodo con lo que demandaba el mercado?

Los años 70 fueron de gran apertura, y cabían todos los estilos y tendencias. Tras cuarenta años de dictadura, los quioscos se poblaron de todo tipo de productos y tanto el público como los autores buscaban nuevas formas de expresión, con influencias de todo tipo tanto americanas como europeas.

-Tu colaboración con TBO cesó a mediados de la década de los 70 y en 1977 ya estás trabajando para Por Favor, la revista impulsada en 1974 por Manuel Vázquez Montalbán y Jaume Perich, muy crítica con aquel momento político. ¿Cómo fue este paso de una publicación infantil a otra enfocada a un público adulto?

A principios de 1973, José Manuel Lara me ofreció trabajar para su empresa y el 14 de febrero de aquel año firmaba contrato para trabajar en Planeta a jornada completa como técnico editorial con el compromiso de aceptar labores de grafista, maquetista, redactor, rotulista, dibujante y todo cuanto pudiera aportar en el departamento de producción según las necesidades de cada momento.
Diseñé varias cubiertas para libros y maqueté cientos de páginas para fascículos y enciclopedias, y también cómics, ya que formé parte del equipo que editaba las colecciones Años de Oro y Noveno Artedirigidas por Luis Gasca.
Fue como bien dices en 1977, cuando el señor Lara montó la división de revistas y compró las cabeceras de Por FavorPlayboyNueva Historia y creó el semanario Opinión. En todas ellas colaboré como grafista y maquetista y también realizando algún dibujo cuando quedaba un hueco libre.

-¿Qué ambiente se respiraba en la redacción en una época tan politizada? ¿Cómo recuerdas aquellos años?

Era muy variado y diverso. Coincidían en las redacciones personas de ideología y talante muy distintos, pero el ambiente era muy bueno. Todo el mundo tenía ideas y propuestas que se exponían en equipo y se llevaban a cabo.

-¿Crees que el humor ácido de Por Favor abrió algún tipo de camino o vereda en el humor de nuestro país? ¿Llenó algún hueco que faltaba?

Sí, abrió puertas para que surgieran muchos caminos en el lenguaje de la sátira. Eran tiempos de búsqueda, y los autores que se inclinaban más por el humor grueso, optaron por revistas como El Papus. Y otros que tenían estilos más sutiles se abrieron camino en las más diversas publicaciones.

-En Por Favor, ilustrabas reportajes y secciones de periodistas como Maruja Torres o Manuel Campo Vidal, por ejemplo, ¿cuál era vuestro sistema de trabajo?

Tras las reuniones de redacción se repartía el trabajo. A mí me pasaban todos los artículos para que los maquetara a mi gusto. Jamás me impusieron nada. Mi eterna gratitud a Perich y a Vázquez Montalbán por darme total libertad en mi tarea. Y por supuesto a Maruja Torres que me permitía ilustrar su sección La ventana indiscreta. Ello dio lugar a que otros periodistas quisieran también que ilustrara sus secciones.

-Llegan los años 80 y colaboras también en el Diario de Barcelona, el cual dejó de publicarse entre octubre de 1980 y 1982, cuando unos pocos empleados comenzaron a editarlo de forma autogestionada. Aunque creo que esta situación no duró mucho ¿no?

Lo del diario fue un intento de plan de salvación en el que fuimos a colaborar muchos profesionales de otros medios para conseguir que no cerrara la publicación, inútil empeño porque sin nadie que pusiera dinero el periódico se hundió. Pero a lo largo de los tres años que duró la aventura pude crear unas cuantas tiras cómicas que me permitieron adquirir soltura dibujando. Los días laborables publicaba País de fábula y los domingos Sauna Ibérica.

 

-Transcurre 1983 cuando te nombran director artístico de Comics Forum, del Grupo Planeta, donde permaneciste hasta 2006, cuando te jubilaste. Es decir, viviste todo el proceso que ha transformado la industria del cómic hasta llegar a nuestros días: primeros salones del cómic en Barcelona y de otras ciudades, relaciones con los autores de éxito, cambio del gusto del público… ¿Cómo resumirías la evolución de alguno de estos aspectos?

Sí, de una estrecha colaboración con el editor Antonio Martín nació la idea de publicar cómics de nuevo, y vimos que por aquel entonces había mucho interés por los Superhéroes USA. Conseguidos los derechos de Marvel, empezamos a editar los personajes más emblemáticos como SpidermanEl increíble HulkLa Patrulla XLos 4 Fantásticos y muchos otros hasta alcanzar los ochenta o noventa títulos al mes. Ello nos obligó a aumentar en seguida el número de colaboradores, ya que era mucho el trabajo en diseñar cubiertas, logotipos, cabeceras de sección, y sobre todo los correos, que nos permitían el contacto con los lectores y creo que ello fue la clave de éxito. Gracias a esa comunicación podíamos saber la evolución de los gustos de la mayoría y editar según las preferencias del lector.

-¿Alguna predilección entre tantos títulos y personajes?

Ninguna preferencia en especial. Trataba de adaptarme a lo que pedía cada título, y carecía de muy poco tiempo para disfrutarlos como un simple lector. Otra de mis labores era la del control de calidad que me obligaba a acudir a las imprentas para revisar los tirajes. Y, contando que muchas de las impresiones eran en Madrid, había que añadir el tiempo de los desplazamientos, que no era poco.

-¿Crees que la explosión del mercado de los superhéroes cambió los gustos del público español o simplemente fueron los tiempos los que estaban cambiando?

Supongo que todo a la vez, pero yo diría que el cambio más radical de los gustos de los lectores se produce en 1992 con la irrupción del manga. Fue con Dragon Ball / Bola de Drac cuando alcanzamos las cifras más espectaculares de venta (85.000 ejemplares por semana) y desde entonces el fenómeno otaku ha ido a más y a mejor.

-Otra faceta muy interesante, muy “síntoma de los tiempos” y en la que pudiste desarrollar tu preferencia por el humor, fue tu etapa como autor de las series Cueros Vivos (Cueros, 1985) Mundo Gay y Sauna Ibérica (Visado, 1984) o Nacho García, chico de compañía publicada en Código 4, (1986) dentro de lo que podríamos llamar cómic gay, muy popular en aquellos tiempos de apertura mental y sexual. ¿Cómo fue eso?

Me lo propuso Marc Rigo de Studios JMR y me pareció un proyecto atractivo, ya que se trataba de la creación de unas cuantas revistas y ello suponía diseñar la maquetación, los logotipos y participar en lo que estaba tan de moda aquellos años. las revistas “de destape”; cinco de temática gay y tres de temática hetero, entre ellas Nenapara la que dibujé la serie Nena, no me des tormento. La irrupción de internet creo que acabó con todas las publicaciones eróticas sobre papel. Si escribes en Google la palabra SEX, cada cual puede hacerse una revista a su medida.

-Yo diría que, abandonar la primera línea de las publicaciones periódicas como guionista y dibujante para asumir la dirección artística en un gran grupo editorial restó protagonismo a tu trabajo como autor. ¿Te arrepientes de no haberte dedicado más a la creación propia en lugar de a la producción del trabajo de otros autores?

No me arrepiento, porqué nunca me consideré un autor sino un grafista que, además, dibuja, y también es rapsoda y colabora en la radio y el teatro. Creo que todas las artes se dan la mano y lo que cuenta es no parar, mientras el cuerpo aguante. Es lo que tiene ser polifacético. Que eres siempre aprendiz de todo y maestro de nada pero siempre me lo he pasado muy bien en todas mis labores y, admito, como me decía Vázquez Montabán, que poseo la erótica del trabajo.

-De toda tu carrera, ¿qué colaboraciones recuerdas con más cariño, alegría o nostalgia?

Recuerdo con mucho cariño las reuniones de redacción del Por Favor, pero en general todo lo vivido. No siento nostalgia, porqué sigo en activo. Ahora mismo me pillas dibujando. Colaboro en la radio y en la prensa comarcal de Sant Just Desvern, el pueblo donde vivo. Editamos la revista mensual La Vall de Verç donde publico la tira Perot Corre-Cuita. También dibujo para la revista Es còdol de Calella de Palafrugell y para el boletín del Club Esportiu Mediterrani. Una abundante selección de todos mis trabajos se pueden ver en la web Humoristan.org

 

-¿Cómo ves el presente y el futuro del tebeo en nuestro país?

A la vista del ambiente vivido en los últimos Salones del Cómic, tanto en Barcelona como en Madrid, creo que el cómic goza de buena salud. Aunque tal vez ya no sea un medio de masas como en tiempos pretéritos. Supongo que se debe a que los modos de entretenimiento son mucho más variados.

-Muchas gracias, Pere, y que continúes en la brecha muchos años más.

Gracias a ti, Encarna. Y que ustedes puedan verlo.

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La memoria de la tierra

Casi termina 2017. Para mí, el año de Venta del Rayo (Trampoline Editores, 2017). En total, 8 presentaciones en diferentes lugares desde marzo hasta diciembre: Barcelona, Cornellà de Llobregat (Barcelona), Loja (Granada), Córdoba, Sevilla, Madrid, Les Planes de Sant Joan Despí (Barcelona) y Granada. Muchas conversaciones con gente nueva que ha venido para quedarse. Pero, sobre todo, mucha gente que también era yo en esta historia de memoria e identidad. Cierro año con la última de las reseñas sobre Venta del Rayo, la que el poeta José García Obrero le ha dedicado en “Cuadernos del Sur” de Diario Córdoba. Muchas gracias, compañero:

José García Obrero
09/12/2017

Hay episodios de la historia reciente de España inconclusos o, dicho de una manera más cruda, deliberadamente mal enterrados. Uno de los más duros es el que tiene como protagonistas a los asesinados por el franquismo en la guerra civil y la dictadura. Miles de personas que, a día de hoy, aún se hallan desaparecidas o sepultadas de cualquier forma, pese a la aprobación de una ley de Memoria Histórica, para desesperación de los familiares, que se topan a menudo con la desidia (cuando no la obstaculización) de algunas administraciones e intereses de grupos políticos bajo la excusa del «pasar página».

Venta del Rayo, segunda novela de Encarna Castillo, barcelonesa de origen andaluz, nos enseña que el dolor, cuando la herida no se ha cerrado en firme, salta de generación en generación y le crecen, como a un árbol, las ramas enfermas del silencio o la autonegación. La suma de tanto olvido da lugar a un bosque tenebroso; una sociedad desmemoriada y manipulable, sin futuro.

Escrito en primera persona, Venta del Rayo es una novela autobiográfica que se abre al diálogo con la ficción cuando, precisamente, la autora desea dotar de veracidad algunas escenas o diálogos del pasado.

La historia gira en torno a un episodio personal y familiar dramático: el asesinato por parte del bando franquista de su abuelo, Juan Castillo López, de ideas republicanas. Este suceso se convirtió en un trauma que, de algún modo, empujó a la familia –como a tantos andaluces– a emigrar a una ciudad de la periferia barcelonesa, donde el peso de lo acontecido a Juan Castillo se traduciría en pesadumbre y evitación. Una sombra que la autora trató de disipar tecleando el nombre y apellidos del abuelo en un portal de internet destinado a la búsqueda de represaliados por la dictadura (www.todoslosnombres.org). La información obtenida desencadena una profunda investigación, que pone de manifiesto las injusticias cometidas en aquel tiempo y sus consecuencias en el tejido social y político actual. Esta empresa lleva a la voz narrativa, hasta ese momento la de una joven barcelonesa que disfruta de la eclosión de cosmopolitismo de la ciudad postolímpica, a trasladarse a Andalucía con el fin de estar lo más cerca posible de la Venta del Rayo, la pequeña pedanía de Loja de la que es originaria su familia y que es la raíz y el escenario de la tragedia, y a tomar conciencia de su identidad.

Con prólogo de Baltasar Garzón, Venta del Rayo es un libro que invita al lector a reflexionar acerca de la necesidad de conocer y preservar nuestra memoria frente a un poder que la instrumentaliza en beneficio propio.

‘Venta del Rayo’. Autora: Encarna Castillo. Editorial: Trampoline Editores. Córdoba, 2017

Esquina de mundo, Óscar Sotillos.

Leí Esquina de mundo en el lugar adecuado, creo. En otra esquina de mundo, en la sierra granadina. Realmente, no a tanta distancia el uno del otro y no tan lejos culturalmente como podría parecer, rodeados ambos por restos arqueológicos que certifican la presencia de vida humana en el lugar desde tiempos inmemoriales. En nada se parecían los paisajes, pero tintineaban en la cercanía paradójicamente idénticos. Y poco tenían en común las costumbres de uno y otro lugar, pero no me resultaban en nada extrañas. Debe ser que la esencia de los paraísos rurales de verano alimentados desde la infancia fueron todos construidos con similar atrezo.

Esquina de mundo es un libro para leer despacio y viajar mentalmente. La atmósfera de Montejo de Tiermes, junto a las ruinas de una ciudad celtíbera de Soria donde transcurre este libro, es el viaje destilado por los sueños de un niño que al hacerse mayor viajó siempre llevando consigo el paraíso de la infancia en la retina y el gusto por describirlo en el paladar proustiano. Combray es Tiermes, y la sierra de Granada, y Barcelona, y cualquier lugar donde sus páginas sean leídas. Y es la curiosidad de un niño tatuada en la memoria: “Yo no sé si hace falta irse tan lejos, igual que tampoco sé si la Arcadia soñada se encuentra en el páramo soriano. Lo que sí sospecho es que para ver cumplidos los sueños hay que salir a buscarlos”.

Quizás porque lo local sí resulta universal, quizás porque nuestra retina solo conserva una manera de mirar, la que transcurre a través de aquello que una vez atravesó su pureza, Óscar Sotillos salió a buscar sus sueños donde la curiosidad de adulto lo llevó a viajar; y allí, por sorpresa, encontró elementos comunes con su Montejo de Tiermes familiar. Por ello, Esquina de mundo es, como todo buen libro de memorias, un estupendo libro de viajes: geográfico y existencial. El escritor nos conduce de la India a Mongolia; de Portbou a Essaouira, en Marruecos; de Ibort, en el Pirineo aragonés, al Senegal; de Montejo de Tiermes a Barcelona en el viejo Changai -llamado así por el Shangai Express de la película donde sale Marlene Dietrich-, el tren que recorría los 1.331 kilómetros de Galicia a Barcelona por la antigua vía de Valladolid-Ariza, hoy desmantelada, y describe aquello que su atenta mirada descubrió años atrás, con la que creció y se hizo hombre, con la que años después volvió acompañado ya de su propia hija, alargándole la vida a la tierra –Raíces y ramas lleva por título uno de los últimos capítulos- y regalándole a su hija una patria para dudar -“Los laberintos son la patria de los que dudan”, escuchó el autor decir a Juan Goytisolo en un documental a propósito de las laberínticas callejuelas de Tánger, un símil que él aplicó a su páramo soriano, a su “paisaje primigenio que se multiplica hasta el infinito”-.

Sotillos

Óscar Sotillos y su hija en Sotillos de Caracena, Tiermes, Soria.

El autor transmite de maravilla la sorpresa, la curiosidad y el cariño por este fragmento de paraíso iniciático en tierras de Soria. Tanto que las páginas de este libro despiertan unas inmensas ganas de jugar a las Tabas, escuchar cantar la Tarara a los mozos del pueblo durante las fiestas patronales, conocer el castillo de Medinaceli, tocar la Huella del diablo de Peña Lagarto… De lanzarnos a la carretera y de vivirlo en primera persona tras haberlo experimentado en la lectura. Y es que: “El cemento es tan áspero que la tentación de imaginar paraísos naturales es demasiado poderosa. Es tan fácil dejarse llevar por la idea de que un día encontraremos un lugar en el mundo como en la película de Adolfo Aristarain, que la nostalgia se vuelve del revés y nos encontramos mirando hacia delante, atisbando entre las brumas un futuro más verde, más embriagador, hecho a nuestra medida”.

Otra Esquina de mundo que convertir en nuestra.

Óscar Sotillos, Esquina de mundo, Baile del Sol, Colección Dando Pata, 2016.

Montejo de Tiermes

Vista nocturna de Montejo de Tiermes, Soria.

Una temporada para silbar en “La casita del maestro”

Tuve la suerte de leer Una temporada para silbar cerca de una escuela rural -o escuela unitaria, como se la denomina en el lenguaje técnico académico- semejante a la que se describe en la evocadora novela de Ivan Doig. Una suerte que añadía a mi lectura un componente emocional que me llegaba por partida doble, desde el papel impreso y también desde la cercana realidad.

Tras casi cinco años de trasiego por mi retina -porque se encuentra en la zona del cortijillo donde pasamos algunas temporadas-, esta escuela rural, en cuya fachada aún puede leerse Escuelas Nacionales, ha producido ya algunos de los momentos más gratamente inesperados de mi experiencia emocional. No tantos como el protagonista de la novela de Ivan Doig pudiera coleccionar a lo largo de su vida, pero sí los suficientes como para que ya despierte en mí buenos recuerdos.

Al principio, solo fue de un interesante vestigio de otra época. Una muestra más que el destino nos colocaba delante de las narices para entender lo que había sido vivir en ese paraje, llamado así realmente en cartografía, siendo una niña o un niño sin agua corriente ni luz eléctrica en casa, pero con una escuela a algunos metros de donde se dormía y donde varios chaveas de varias edades, mezclados, compartían aula, profesor, horarios, bocadillos y peleas.

Colegio Los Arenales-Años 60

Escuela rural de la década de los años 60, s. XX (Loja, Granada).

La escuela, actualmente en desuso, es una construcción de los años sesenta del pasado siglo XX, y consta de una única aula, donde aún duermen el sueño eterno los pupitres, las sillas y la pizarra originales. Desconozco todo sobre la historia de esta escuela rural y, precisamente por ello, la imaginación se me dispara imaginando cómo fue estudiar allí. En una de las escasas veces que he preguntado sobre ella, alguien me informó que la valla que la circunda era necesaria -en respuesta a mi sorpresa por la existencia de esta valla justo en medio del campo- para que los chavales no se escaparan y volvieran a sus casas donde seguramente harían más falta para ayudar en las labores del campo o con los animales que quedarse allí y estudiar los ríos y los afluentes de España.

Adyacente a la escuela, una pequeña casa desempeñaba las funciones de habitáculo del profesor o la profesora de turno. En la zona, a esta se la conoce como “La casita del maestro” -¡igual que en la novela de Ivan Doig!- y se alquila actualmente como casa rural desde hace un par de años. Aunque conozco a sus próximos moradores y sé que la van a tratar más que bien, no sé en qué estará pensando el ayuntamiento para exponer su patrimonio histórico así como así sin protegerlo como merece.

Lo que de verdad me emociona de esta escuela es lo que representa como conquista de la Educación en un entorno rural, además del valiosísimo testimonio de cómo fue vivir en el paraje al que esta pertenece, actuando como elemento cohesionador de la vida social del mismo. Aún hoy, cuando los vecinos de la zona queremos hacer una reunión o una fiesta popular, continuamos acudiendo a “La casita del maestro”. Durante estos cinco años, allí he compartido las reuniones para aportar dinero para arreglar un poco los caminos de tierra, comido platos cocinados por mis vecinos en las verbenas organizadas por nosotros mismos, presenciado cómo se mataban algunas gallinas para el arroz popular del domingo, conocido a nuevas personas…

Según me han explicado, muchos de los cortijillos de esta zona de Granada pertenecían a colonos -como los de Montana, otra coincidencia tipo ‘Tan lejos, tan cerca’- a quienes les habían donado un trozo de tierra en el intento de dotar de vida esta sierra austera, de escasa población y terreno seco e irregular.

“Lo que me han pedido, o más bien ordenado, no es solo extinción forzosa de las escuelas unitarias. Con ellas morirán también los distritos rurales, que han venido batallando desde los días de la colonización para sacar adelante sus granjas y sus sembrados en las secas tierras de Montana. (Supongo que es lo ideal para que Billings se llene de gente y sus vendedores de coches hagan negocio.) Ya no habrá escuelas para que los niños estudien. No habrá escuelas para los bailes de los sábados por la noche. No habrá escuelas para el día de las elecciones, ni para las reuniones de las asociaciones de granjeros, ni para el club de jóvenes, ni para el concurso de bordado, ni para el torneo de canasta, ni para el grupo de lectura. Para ninguno de esos encuentros que son el pan y la sal de la comunidad ” (página 298).

Berneta, Ivan, and Charlie Doig in Montana; ranch life before the winter of '44

Berneta, Ivan y Charlie Doig en el rancho familiar, Montana. Foto tomada antes del invierno de 1944.

“En nuestra vida de granjeros los inviernos eran como los anillos de los árboles, circunferencias finas o gruesas que luego crecían hasta fijar un patrón en el recuerdo”. (página 213)

 

Un libro excelente. Y una escuela rural a la que, gracias a la novela de Ivan Doig, entenderé de otra manera y querré diferente.

Doig, Ivan; Una temporada para silbar, Libros del Asteroide, 2011, Barcelona.

Presbicia y otros pecados. “Venta del Rayo”, la última novela de Encarna Castillo

Oigo Voces

Llego a Encarna a través de un amigo de Córdoba, y no deja de ser curioso este nexo tardío y lejano, porque Encarna y yo compartimos las mismas coordenadas de tiempo y espacio. Como yo, ella nació en el extrarradio barcelonés del Llobregat, del que ambos huimos con la veintena hacia el barrio chino de la ciudad condal. El Kentucky, la Bata de Boatiné o el London fueron nuestros nodos en las redes sociales antes de que hubiera móviles en nuestros bolsillos.

Leyendo su última novela confirmo que tenemos otras cosas en común. Venta del Rayo es una historia que indaga en sus raíces familiares, concretamente en la figura de su abuelo asesinado por los sublevados fascistas.

Encarna, ¿una novela más sobre la Guerra Civil?

Exactamente esa es la máxima que tenía en mi cabeza mientras escribía Venta del Rayo: Que no…

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Habitar la pintura

Texto incluido en El color de las horas. Tony Soto, pinturas, catálogo de la exposición dedicada a la pintora Tony Soto (La Coruña, 1951-Córdoba, 2015) en Casa Góngora (del 27 de mayo de 2017 al 11 de junio de 2017).

 

Habitar las horas con la pintura, habitar la misma pintura en una búsqueda constante de cobijo y autoreconocimiento de sí misma a través del color, con ese uso del pigmento tan personal con el que Tony Soto concebía los retratos, objetos y paisajes que ella trazaba en azul, rojo, verde, amarillo… De eso intuyo que se trataba el acto de pintar para Tony Soto: en asir el pincel y ubicarse frente al color enfurecido, el que metamorfoseaba en fuerza existencial para eliminar las aristas que siempre trae consigo la vida; sirviéndose ella del color al igual que lo hubiera hecho de una herramienta más con la que construir pictóricamente un corpus cromático, convirtiéndolo en sugerente objeto y no únicamente en mero utensilio.

Transpiran los cuadros de Tony Soto una extrañeza ante la vida que se traducen en sugerentes títulos para sus exposiciones, como La cabeza a pájaros o Galería de raros, título este tomado del libro que Ramón Carande publicara en 1982 y que, como se cuenta en el prólogo del mismo, conformaba el “espejo de una colectividad”, del que Tony Soto se sirvió para construir su propio espejo con el que retratar la colectividad que la envolvía.

Los cuadros de Galería de raros muestran a los coetáneos de Tony Soto que despertaron en la pintora esa admiración que solo algunos seres provocan en nosotros, adquiriendo su forma en óleos sobre tela, de línea clara y composición geométrica. Un retazo de color junto a otros retazos de color que conforman un viaje que fluye de lo cercano a lo abstracto, conformando una variación tras otra de rostros que deslumbran a quienes los contemplan, igual que en su momento las personas a quienes estos rostros pertenecen deslumbraron a la pintora.

Transitar por los títulos de una exposición a otra de Tony Soto constata que su búsqueda fue plural y variada. La misma búsqueda que ella obliga a realizar al espectador cuando frente a alguna de sus obras este se pregunta a sí mismo o a sí misma en qué punto oculto y remoto del lienzo se unen las líneas de color que componen la figura contemplada, dónde reside el hilo invisible con el que el color cose sin orden aparente la forma, y cómo desde lo ínfimo se alcanza la plenitud visual.

Y es solo, desde esas horas habitadas en la pintura, en íntima costumbre, que el espectador puede encontrar la respuesta a sus preguntas sobre Tony Soto. Y, quizás también, en esa vida a contratiempo junto a Pisco Lira que no es sino simple vivir que el tiempo niega, como recita uno de los estilemas de este escritor y poeta sevillano.                                       

          ENCARNA CASTILLO

Galería

Crónica de la tercera búsqueda de Federico García Lorca

Comencé a escribir sobre la tercera -y última- búsqueda de Federico García Lorca como si de un diario íntimo se tratara. Me pareció la manera más rigurosa de hacerlo y me propuse registrar día a día el avance de los trabajos llevados a cabo en el Peñón del Colorado, Alfacar, por el arqueólogo Javier Navarro en colaboración con el historiador Miguel Caballero. Esta vez se trataba de una iniciativa puesta en marcha por la asociación cultural Regreso con Honor tras haber recaudado unos 12.000 euros de fondos privados procedentes de España, Puerto Rico e Inglaterra. Primer tema espinoso antes de comenzar: España no cuenta con dinero público para realizar este tipo de trabajos y la ley de Memoria Democrática no dispone de ningún tipo de partida económica. Mientras, la Convocatoría Cívica y el juez Baltasar Garzón continúan intentando llevar al parlamento una “Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo”, para lo que se ha puesto en marcha una recogida de firmas a través de Change.org que -a día de hoy- necesita 42.220 firmas más para alcanzar las 150.000 necesarias.

Anotaba y contrastaba las noticias a diario. La mañana del 19 de septiembre, primer día de la búsqueda, comenzó tranquila respecto a las informaciones sobre el inicio de los trabajos de este tercer intento. A primera hora aparecieron reseñas en el Ideal de Granada, el ABC edición Andalucía….Y a medida que la tarde avanzaba la gran mayoría de la prensa nacional ya se había hecho eco de la noticia. Al Ideal se le notaba que llevaba ya muchas líneas escritas sobre ello a lo largo de los años y sabía que ese volvería a ser un tema polémico en la ciudad, por lo que, para evitar susceptibilidades, destacaba la cantidad de dinero que costarían dichos trabajados y especificaba quién lo pagaría. Efectivamente, varios de los escasos comentarios de los lectores de ese periódico se centraban en quejarse de que el dinero público se gastase en buscar restos de la guerra civil. En total, media docena de lectores que criticaban dicha búsqueda y otros tantos que la defendían, todos ellos enzarzados en una reyerta con texto de por medio.

El embrollo informativo era grande porque llevábamos ya tres búsquedas y cada una de ellas poseía su propia personalidad. Para aclararme un poco yo misma, me documenté rápidamente sobre las otras dos. La primera la había realizado la Junta de Andalucía, en 2009, siguiendo instrucciones del historiador Ian Gibson, en Fuente Grande, sin resultado alguno. 70.000 euros para buscar los restos del maestro Dióscoro Galindo y de los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, fusilados junto a Federico García Lorca. La segunda, en 2014, realizada por la asociación cultural Regreso con Honor siguiendo las pistas que el escritor falangista Eduardo Molina Fajardo -a 500 metros de donde Ian Gibson señalaba como el lugar donde se encontraban las fosas-, había señalado en Los últimos días de García Lorca tras recopilar los testimonios directos de los tres guardias de asalto que la madrugada del 18 de agosto de 1936 estuvieron junto al pelotón de fusilamiento en la zona de Víznar y Alfacar. Los trabajos terminaron cuando se acabó el dinero -unos 23.000 euros que había aportado la Dirección General de Memoria Andaluza- y el georradar dio como resultado que las alteraciones del terreno no eran más que grandes bloques de tierra.

Volvemos al presente y, al parecer, actualmente para encontrar los restos de Lorca hay que echar mano de triquiñuelas legales ya que, como ha señalado el arqueólogo Javier Navarro, el objetivo esta vez se centra en el hallazgo de los pozos que sirvieron a los golpistas para arrojar a más de 400 víctimas de la represión franquista, aunque se calcula que son los restos de unas 2.000 personas los que se encuentran en las fosas de la zona de Alfacar y Víznar. Para lograr el permiso, Sonia Turón -representante desde el sindicato de la CNT de la familia política de Francisco Galadí y Joaquín Arcollas- y Nieves García Catalán -nieta del profesor Dióscoro Galindo-, presentaron una petición de exhumación a la Dirección General de Memoria a mediados del pasado mes de junio de 2016.

A pesar este birlibirloque, en la mayoría de las informaciones aparecidas en la prensa la noticia continúa siendo la búsqueda de Federico García Lorca y no la de los restos de las cuatrocientas personas asesinadas por el franquismo que permanecen enterrados en los tres pozos ubicados en el Peñón del Colorado.

Y es que en España la totalidad de las víctimas de la represión franquista enterradas en fosas comunes sigue teniendo un único apellido: Lorca. Una versión de “Lorca somos todos” que ha llegado desde 1936 hasta la actualidad. Hasta el punto de que encontrar al poeta simboliza una pequeña victoria en la lucha sobre la casi nula aplicación la Ley de la Memoria Histórica, con el permiso y el consenso colectivo que simbólicamente todos hemos rubricado. Encontrar a Lorca es comenzar a recibir el reconocimiento de la historia, porque las instituciones actuales nunca nos ofrecerán ese derecho. Y recuperar sus huesos es otorgar el carácter de incuestionable a lo que las leyes de este país se encargan de dificultar: recuperar los huesos de los nuestros. El conjunto de víctimas ha relegado su protagonismo a los hombres y mujeres próceres, a los forjadores de mitos -como Federico García Lorca para los enterrados en las fosas comunes, Antonio Machado para los muertos camino del exilio o Rafael Alberti para la resistencia en tierras extranjeras- ya que solo así se podrá recuperar el reflejo de nuestra historia personal fragmentada en cada uno de ellos, y porque aún no poseemos legal y plenamente el derecho para poder hacerlo.

El cuarto día de la tercera búsqueda de Lorca, a las 16:21h, comenzó el otoño en España. Los trabajos en el Peñón del Colorado avanzaron más rápido de lo normal y ya habían llegado al nivel de tierra del año 1936. En tres días, se hizo el trabajo de dos semanas gracias a las máquinas aportadas a última hora por la Junta de Andalucía. Se extrajeron 1.500 metros cúbicos y ya destacaba la tierra negruzca sobre la de color ocre, perteneciente a la tierra que se había lanzado sobre ella para construir el fallido campo de fútbol proyectado durante los años ochenta. Era como si el fútbol, además de haberse impuesto a otras formas de ocio, como la misma cultura, se hubiera propuesto mancillar también la memoria.

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Trabajos realizados en el Peñón del Colorado. © EFE

La alarma de Google que creé para la búsqueda de Lorca me trajo también la noticia de la representación de La piedra oscura en Madrid, obra en la que se relata el romance del poeta con Rafael Rodríguez Rapún. Ojalá pueda llegar a verla en noviembre o diciembre, que aún seguirá en cartel.

Pronto, la repetición de contenidos de las noticias que se publicaban casi a diario me pareció tediosa. Pequeñas variantes añadían emoción, como un casquillo de bala encontrado, algún fragmento de cerámica, un trozo de neumático que “podría proceder de una motocicleta militar, lo que aportaría un dato sobre el campo de instrucción situado en esta zona en el verano de 1936 y en cuya cabecera podría situarse la fosa de Lorca”, según informaba el Ideal de Granada el 22 de septiembre… Así que dejé de anotar las escasas novedades que los periódicos desgranaban a diario.

El sexto día, el sábado 24 de septiembre, apareció el segundo tema espinoso que siempre suele aparecer en toda búsqueda de Lorca: la posición del PP en este tema. No tardaron mucho, aunque esperaba que se sumaran antes a la fiesta. Ese día La Vanguardia publicó: “El PP de Granada ha anunciado que pedirá a la Junta explicaciones por la cesión de medios públicos que trabajan en el proyecto de búsqueda de fosas comunes de la Guerra Civil en terrenos de Alfacar (Granada) donde podrían yacer los restos de Federico García Lorca.”

Como siempre, buscaban la grieta por la que seguir regando las raíces de la planta venenosa. La razón que el PP argumentaba se centraba en una situación “anómala y preocupante” en la adjudicación del contrato de conservación de carreteras en la zona Oeste de Granda, ya que en ella se prohibía que esta maquinaria fuera utilizada con fines distintos a la conservación de las carreteras. A la parlamentaria del PP de Granada le preocupaba especialmente la “correcta inversión y el destino de los fondos públicos”, ya que, según ella, los 352 kilómetros de carreteras que comunicaban la zona Oeste con el resto de la provincia quedarían desatendidos y mermaría mucho su trabajo.

Se refería a una retroexcavadora y un camión. Federico García Lorca ya dijo en su momento que «en Granada se agita la peor burguesía de España», y esta parecía empeñada en continuar dándole la razón.

El martes 27 y el miércoles 29 de septiembre se publicaron varias noticias sobre el tercer tema espinoso en la búsqueda del poeta: la reacción de la familia Lorca. En La Vanguardia apareció un artículo donde esta expresaba sentir “cierto escepticismo e indignación” por la búsqueda del poeta. Al parecer, en una entrevista a Andrés Soria, catedrático de Literatura y marido de Laura García Lorca -sobrina del poeta-, en la Cadena Ser, en Granada, este calificó de “paradójico” que encabezara la búsqueda un historiador -Miguel Caballero- que consideraba que el asesinato de Lorca había sido un ajuste de cuentas entre familias de la Vega granadina, en lugar de un crimen político. Además, Andrés Soria mantenía de forma tajante que la familia de Lorca desconocía absolutamente el paradero del poeta.

En otra de las noticias aparecidas el miércoles, la familia Lorca cargaba las tintas para mostrar su desacuerdo con la tercera búsqueda. Y, de nuevo en La Vanguardia, Javier Navarro expresaba que se sentía “molesto” por las declaraciones que el día anterior había realizado la sobrina de Federico y presidenta de la Fundación dedicada al poeta, Laura García Lorca, quien había criticado las teorías del investigador Miguel Caballero.

Además, diecinueve comentarios de lectores del Ideal digital persistían en los rifirrafes entre quienes criticaban que se destinara dinero público para buscar a los muertos y quienes lo defendían. Entre los que oponían abundaba el insulto y el mal gusto. Un tal yester escribió: “A ver si se van un poquito mas abajo que tengo una finquilla, la quiero poner de olivos y los agujeros me saldrían gratis.”

Constato que es en la provincia de Granada donde más comentarios se escriben como colofón a las noticias sobre ese tema. En el resto de provincias resultan escasos.

Pasan los días y a principios de octubre, se encuentran restos balísticos en la zona donde se realizan los trabajos, la que se ubica en el margen izquierdo del sendero que llevaba al campo de instrucción de la Falange, por el que, según los testimonios publicados por los investigadores Eduardo Molina Fajardo y Miguel Caballero, dieron sus últimos pasos Lorca y sus compañeros en la muerte. El equipo de arqueólogos e historiadores se mostraba muy esperanzado en encontrar los restos que buscaban: “Es un hallazgo que nos ha entusiasmado a todos”. Destellos de alegría que se manifestaban en breves entrevistas que mantenían la esperanza y la dosis de noticias sobre la noticia. Pero el mes de octubre avanzaba lentamente y no se encontraban más evidencias de fosas que las reveladas hasta entonces. Nada de restos óseos ni de grandes descubrimientos históricos. Tan solo un pozo, que sí fue hallado aunque muy deteriorado y sin ningún objeto significativo en su interior.

El jueves 20 de octubre la tercera búsqueda de Lorca, Galindo, Arcollas y Galadí llegó a su fin. El equipo de investigación se mostraba abatido por este nuevo fracaso y la esperanza volvía a depositarse en teorías alternativas -nuevos caminos de investigación, los llamaron en los diarios-, que volvían a salir a la luz, como las defendidas por Miguel Caballero, asesor histórico de esta tercera búsqueda: “Importantes evidencias sobre la teoría de que Lorca fuera desenterrado de su propia fosa”, declaraba en el diario Público el 22 de octubre. El periodista Fernando Guijarro había escrito una obra al respecto titulada A Lorca lo desenterraron, en la que explicaba que Lorca había sido desenterrado al poco de haber sido fusilado, y que la familia Lorca había pagado 300.000 pesetas de entonces -que nunca recuperó- por proteger a Federico y que, a cambio, ya que no habían servido para salvarlo, sí permitieron una exhumación de su cadáver, que la familia enterró para siempre en la Huerta de San Vicente, Granada, pero que esta, aclaraba el periodista, “nunca va a querer sacar a la luz la noticia para no perder el mito del poeta”.

El mismo día, leo que La piedra oscura, de Alberto Conejero, se ha estrenado en Bogotá. Lorca no para de viajar a pesar de que no sepamos dónde se encuentra.

El colofón de las noticias llegó también el 22 de octubre con un artículo en el que se explicaba que el ayuntamiento de Alfacar había advertido al equipo de investigadores de la obligación de dejar la zona del Peñón del Colorado tal y como este la había encontrado -como cuando un niño hace una travesura y deber restaurar el orden que con su osadía se atrevió a transgredir- frente a la intención del equipo de investigadores, que pretendía dejar abierta la zona excavada por si hubiera que retomar los trabajos -ya que aún quedaban por excavar algunos metros cuando se les terminó la financiación-, o simplemente recuperar la morfología original del pasaje en lugar de reponer la tierra retirada.

Federico García Lorca moría de nuevo, esta vez por cuarta vez. La tercera búsqueda no resultó ser la definitiva, como esperaba el equipo multidisciplinar -palabra repetida hasta la saciedad en las noticias dedicadas a su tercera búsqueda, junto a retroexcavadora y georradar- que la había llevado a cabo.

Por mi parte, fui a Fuente Vaqueros el verano pasado, en 2015, para visitar la casa-museo de Lorca. Resultó interesante contemplar tan de cerca, y tocar, algunos de los objetos personales del poeta, como un piano que aparece en una de sus célebres fotos de juventud, la cuna -real-, algunos cuadros pintados por el poeta… Casi todo conservado, según nos explicó el guía, gracias a la señora que había cuidado a Federico desde pequeño, ya que esta había guardado en su propia casa todos aquellos reflejos del mito.

Tras la visita, paramos en un bar ubicado cerca de la rotonda de la entrada a Fuente Vaqueros. Hacía muchísimo calor y la sola visión de un cartel publicitario de cervezas nos hacía salivar -si saliva nos quedaba aún-. Nos atendió un camarero muy simpático y, animados por su afabilidad, le preguntamos si él había nacido en allí. Nos contestó que sí, que era de allí de toda la vida. Y, ya lanzados, le perpetramos la pregunta a la que, seguramente, ya se había visto expuesto en otras ocasiones, lanzada por despiadados turistas como nosotros. El camarero respondió pacientemente, tomándose su tiempo e interés, en responder a nuestra, nada original, inquisitiva frase:“Pero en el pueblo, ¿qué se dice sobre dónde está Lorca?”.

El camarero no dudó ni un momento: “Hombre, si tú tuvieras dinero y te hubieran matado al hijo, pues habrías pagado lo que fuera por rescatar su cuerpo, ¿no? Yo ya no sé si se lo llevaron a la Huerta de San Vicente o a otro sitio. Pero que en la fosa esa de Alfacar seguro que ya no está”.

Las noticias cesaron a finales de octubre. Y, seguramente, no se vuelva a hablar de ello hasta que Ian Gibson saque un nuevo libro sobre Federico García Lorca o alguno de los investigadores que mantienen la tesis del desentierro del cuerpo del poeta vuelva a insistir en el tema. Mientras, la Ley de la Memoria Histórica continúa casi tan paralizada como el país mismo y los mitos muertos parecen ser los únicos que nos representan legítimamente.

ESPAÑA CABE EN UN MUSEO

Artículo publicado en El Estado Mental el 17/09/2016.

Hacia la mitad de mi recorrido por la exposición, una simpática mujer de mediana edad, vigilante de sala, explica en un sosegado y clarísimo castellano las peculiaridades de las diferentes regiones españolas a un joven japonés de escaso vocabulario español: “En Jaén, hay mucho aceite. Y del bueno, ¿eh?”, “En Cataluña se habla catalán, pero aquí no”… El joven japonés asiente y articula, no sin esfuerzo, varias preguntas más sobre otros asuntos curiosos de su -presumo- primera visita a España, que la mujer va respondiendo, uno a uno, con paciencia.

Dejo atrás esa sala y a los dos recién conocidos, que continúan charlando y, al parecer, pasándoselo bien en mutua compañía. Ya en el siguiente espacio, impreso en un panel explicativo, leo una breve disertación sobre lo que representó el concepto “lo español”, durante los años 40, en ese territorio llamado España. Quizás aquel rato de asueto comunicativo sobre España entre la vigilante de sala y el joven japonés no se debiera únicamente a la casualidad sino al éxito del planteamiento de la exposición – que transpira “españolidad” por todos sus poros-. Es más, -pienso- aquella conversación solo hubiera sido posible con España de por medio.

El concepto de “lo español” se resume en dicho panel aclarando que el franquismo recurrió a lo popular para crear su propagandístico concepto de “lo español” -mediante el folclore, sobre todo, andaluz- y que en el bando opuesto se representó a través de la resistencia -dentro y fuera del país- al franquismo. Llego a la conclusión de que no me gusta nada eso de la división entre estos dos arquetípicos bandos porque, en mi resumen mental -tras haber leído mucho sobre el tema-, en el fondo no se trató de una lucha exclusivamente política sino más bien de una violenta rivalidad entre clases sociales. Visualmente, para mí no se trató únicamente de un asunto de unos frente a otros sino de unos sobre otros, mucho más complejo que un simple enfrentamiento entre ricos y pobres y que bien podría resumirse en una disputa naturalizada entre el enérgico e inevitable progreso y el recalcitrante feudalismo encarnado en la aristocracia, los militares y el clero.

Salgo de esta sala y pienso que lo mismo ocurre en la novela de Max Aub que da título a esta exposición y que aprovecho para leer -en la misma edición morada con la que mis profesores de instituto de la Transición nos hablaban libro en mano del exilio de nuestros escritores a raíz de la guerra civil española- como excusa para entender mejor esta muestra. En Campo cerrado -novela-, los anarquistas catalanes se mezclaban con los comunistas andaluces, los socialistas murcianos, valencianos, también catalanes, los sindicalistas maños… cuando todos compadreaban, botellas de Priorato en mano, por la Barcelona de preguerra en enfrentamiento constante. Las izquierdas se enfrentaban unas contra otras, sin advertir que sobre ellos, la fuerza feudal los apretujaba desde arriba, contra los adoquines del Barrio Chino y del Paralelo.

Pienso en mi propio concepto de “lo español” y no encuentro una definición propia sino es por oposición a cualquier otro concepto que exprese cualquier otra nacionalidad. Es decir, igual que se explica en el panel que la resistencia al franquismo ejercía. Actualmente, no veo matices sino diferencias. ¿Significa eso que debo sentirme resistencia?

Continúo mi paseo por la exposición. De lo que veo, a nivel artístico, descubro -más bien recupero porque creo recordar que alguna vez vi algún cuadro suyo que después olvidé- y me entusiasma la obra figurativa de Ignacio Zuloaga -quien me parece un Norman Rockwell nacional- y José Gutiérrez Solana. Contemplo con admiración los cuadros de Benjamín Palencia y Pancho Cossío, las fotografías de Martín Santos Yubero y Nicolás Muller… Me resulta significativo que Pere Pruna, Josep Ma Sert y Víctor D’Ors, insignes hijos del pueblo catalán, trabajaran tan fervientemente por la causa franquista. Paralelamente, en Campo cerrado, de Max Aub, leo sobre entusiastas falangistas de Barcelona apellidados Bosch, Rubió y otros “jóvenes, con cara luciente y pantalones de buena familia”. Me produce desasosiego la pintura Ruinas, de Luis Quintanilla. Me apunto para investigar más sobre el Circuito perifónico, de José Val del Omar, las revistas Reconstrucción, Vértice… Me resulta irónico que el proyecto de viviendas para jornaleros y artesanos del arquitecto Fernando García Rozas, en 1940, haya terminando siendo sinónimo del lugar donde en la actualidad viven los ricos de Madrid. Me fascina el nombre que el Ministerio de la Gobernación dio entre 1940 y 1948 al departamento encargado de la reconstrucción de viviendas y lugares destruidos: Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. Pienso, en una asociación fácil de ideas, que continuamos igual de devastados, que nunca dejamos de estarlo y que los tiempos de bonanza solo fueron un breve descanso.

En otra sala, un reportaje fotográfico sobre las cuevas de Almería, realizado en 1943, me llama poderosamente la atención: grupos de personas que habitaban las cuevas del puerto, de la Alcazaba, del Barranco del Bernardo… Los comentarios -humillantes y ridiculizantes- de los pies de fotos de los empleados de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones continúan la misma línea que la propaganda militar franquista utilizó durante la guerra para degradar a los simpatizantes de izquierdas y a los pobres, asemejándolos a animales y seres infrahumanos.

Más adelante, entro en una sala dedicada al exilio exterior: Remedios Varo, Max Aub, J.R. Sender… Constato que el concepto “exilio interior” se sigue obviando en la mayoría de discursos sobre la posguerra española. Sí, ya sé. Para algunos el “exilio interior” se encuentra representado por quienes resistían dentro del país en situación de sometimiento. Eran millones y vivían dentro del país, por lo que no es necesario referirse a ellos porque se da por obvio que el exilio interior se llevaba a cabo diariamente. Sin embargo, echo en falta que no se haga más hincapié sobre él.

Salgo de la exposición reflexionando sobre el arte como herramienta para el control político. ¿Qué ocurre ahora que el arte tiene toda la libertad del mundo? Que ya no vale. La libertad ha terminando engullendo su propio discurso. En el presente, la represión en el arte ha cambiado de ejecutor ya que, hoy en día, esta represión la ejerce el mismo público, dándole la espalda -exceptuando las prestigiosas exposiciones en los museos de renombre, en los que puede sentirse masa espectadora- y despojándolo de su función como herramienta de expresión y denuncia. La propia sociedad ha decidido anular al arte como herramienta de lucha y, en la actualidad, el público ejerce de censor.
Y sin embargo, al preguntar en la librería del museo por el catálogo de la exposición me dicen que ya está agotado. Bueno, quizás, como siempre, me equivoque en mis análisis. O eso, o quizás la tirada de ejemplares impresos haya sido escasa. La crisis, ahora se trata siempre de la crisis.

Bajo las escalinatas del Museo Reina Sofía pensando que no es que España esté cambiando. Es que ya ha cambiado. Y aún cabe en un museo.

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Campo cerrado. Arte y poder en la posguerra española. 1939-1953

27 de abril – 26 de septiembre de 2016
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid