Reseña de “¡Salud!”, de Nadar & Philippe Thirault

Basada en una historia real, ¡Salud! cuenta el ascenso y caída de Antoine Deregnaucourt, un parisino al uso a quien el amor y las ansias de éxito llevaron a La Coruña de 1975.
La historia comienza cuando Antoine Deregnaucourt, que trabaja en una cava de vinos, en París, se despide de allí para marcharse con Iria, su esposa, una mujer algunos años mayor que él y natural de esta ciudad gallega, para comenzar una nueva vida.

Una vez instalados en La Coruña, ambos inauguran O Bistro, un restaurante con “toque francés” con el que triunfarán gracias a una selecta clientela y a las ayudas de la omnipresente familia de Iria, que cuenta con bastantes contactos y “enchufes” en las instituciones locales. El exotismo de Antoine será su mejor baza y su charme la llave con la que seducir a los parroquianos. Pero todo lugar en la cumbre tiene un precio a pagar y, una vez que el éxito y el dinero soñado entran por la puerta, las cosas empiezan a torcerse debido a las contradicciones personales de Antoine, encerrado en un mundo que no es el suyo y al que detesta profundamente.

La tragedia en la que Antoine va hundiéndose poco a poco hace aflorar en él la arrogancia, el alcoholismo y la violencia, con los que va destruyendo su entorno y autodestruyéndose, también, a sí mismo. Razones no le faltan: la claustrofobia existencial en la que le obliga a vivir la familia de su esposa, a quien debe todo, y la asfixiante situación política española —ni de política puede hablar en su propio bar; él, que se declara anarquista—.

El guión, que como hemos dicho se inspira en una historia real — Philippe Thirault (París , Francia, 1976) coincidió en un bar con un hombre de 71 años que le explicó esta historia— ha sido creado a partir de un flash back que estructura la mayor parte de la historia y que, a su vez, cuenta otras historias: la de su personaje, Antoine, y la de una ciudad que es un país y que también es un momento histórico. El guión, bien tejido, ha sido armado por su autor sobre unos diálogos ágiles y frescos. Y se agradece esa documentación que, sin duda, Philippe Thirault ha debido consultar para dotar de verosimilitud el texto. De otra manera, no hubiera podido haber creado un contexto histórico tan bien nutrido de referentes colectivos: las bombas de ETA, los problemas con la policía político-social, la (auto)censura política, los enchufes en las instituciones franquistas que podían dártelo todo pero también quitártelo todo, las conversaciones típicas de bar, los personajes que suelen pulular por las barras de esos mismos bares, etcétera.

 

Por su parte, el dibujo de Nadar (Pep Domingo) ( Castelló de la Plana, España, 1985 ) apuesta por la estética retro que recupera la década de los 70, con estridentes azules y rojos, sobre todo, que crean una luminosidad visual que no se corresponde en nada con la oscura historia del personaje ni de los hechos históricos en los que se desarrolla la historia. Y es que, en una entrevista reciente, Nadar contaba que había elegido los colores para crear un contraste con el tema de la historia, y porque le encanta esa paleta de cromática, trabajada digitalmente.

Para terminar, habría que añadir que la recreación de las calles, los coches, la ropa, etcétera, es impecable. Y todo esto, apoyado en un guión realista y dinámico, consigue traernos de vuelta un tiempo y una época no tan lejanos desde una de las perspectivas sobre nuestra propia historia más difíciles de abordar, como es la de una mirada extranjera, y que, sin embargo, consigue hacerla igual de nuestra.

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Reseña de “La araña del olvido”, de Enrique Bonet

Copio y pego la reseña que he escrito para la revista de cómics 13 millones de naves de un cómic excepcional: La araña del olvido, de Enrique Bonet (Málaga, 1966).

La araña del olvido

Enrique Bonet

[Astiberri, 2017]

Por Encarna Castillo

Comencemos señalando que La araña del olvido no es otro relato más sobre el asesinato de Lorca sino el producto de la fascinación de un historietista por la historia de un hombre fascinado, a su vez, por la historia de otro hombre. Pero mejor desvelemos los nombres de este acertijo y aclaremos que esta novela gráfica es la historia que Enrique Bonet (Málaga, 1966) ha dibujado para contar(se) —a nosotros y a sí mismo— los dos años que Agustín Penón, escritor norteamericano de origen español y casi olvidado hasta hará unos veinte años, pasó en Granada, en 1955 y 1956, con el objeto de investigar la muerte del poeta Federico García Lorca.

La araña del olvido se lee, sobre todo, desde el homenaje de Enrique Bonet al escritor Agustín Penón, atrapado en la maraña de silencios y conspiraciones que envolvían la búsqueda de su admirado García Lorca, y también en la ciudad de Granada —lugar en la que ocurre esta historia y donde Bonet reside, trabaja y tan bien conoce desde hace ya algunos años—y sus fantasmas.

Como se cita en el prólogo de Juan Mata, este tebeo toma como fuente directa el libro Miedo, olvido y fantasía: Crónica de la investigación de Agustín Penón sobre Federico García Lorca(Editorial Comares, 2000), en el que Marta Osorio, amiga de Agustín Penón, trabajó durante 14 años tras la muerte de este y un amigo en común, gracias al cual ambos se conocieron, el director de teatro William Layton. Una vez más, debemos maravillarnos de esas amistades fieles hasta la muerte gracias a las cuales ciertas epopeyas disponen de un punto final.

Las vicisitudes de los tres amigos se explican tanto en dicho prólogo del profesor Juan Mata, amigo y colaborador de Marta Osorio, como en la misma historia dibujada y guionizada por Enrique Bonet. Sus perfiles psicológicos se encuentran perfectamente dibujados y sobre ellos sobrevuela la figura de Lorca, pero también la de muchas otras, víctimas —vivas o muertas— de la represión franquista durante aquellos años grises y asfixiantes de la posguerra española —el mismo Bonet pertenece a una familia represaliada por el franquismo—. De nuevo, los nietos de las víctimas hablan por boca de aquellos a los que se les negó la posibilidad de expresarse tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Una de las cualidades de este tebeo es su ritmo pausado, gracias al cual el lector acompaña a Penón en sus estados emocionales a medida que este va encontrándose en su investigación tanto con los muchos obstáculos como también con los inesperados avances. Enrique Bonet no tiene prisa por explicarnos una historia donde los abundantes recovecos, sombras y silencios demoran el avance de las investigaciones del escritor norteamericano. Así, el autor regala tiempo —dibujado en una estricta gama de tonos grises, blancos y negros— al lector para que este comparta junto a Agustín Penón las subidas y bajadas emocionales, creando un equilibrado tempo narrativo.

La araña del olvido —título extraído de un verso de Lorca— es, también, una reconstrucción fiel de la ciudad de Granada durante aquellos años de falangistas fanfarrones, policías de la Brigada Político-Social y presos sentenciados a muerte. Y, como suele ocurrir cuando el lugar es parte determinante de los hechos de la historia narrada, la ciudad de Granada es, en este tebeo, otro personaje más, uno de los más importantes, marcado profundamente por su ideosincracia.

Las viñetas dibujadas por Enrique Bonet recrean fielmente los ambientes y los lugares donde transcurre la historia. Tabernas, iglesias, casas, olivares cuya negra gloria se reduce a la de albergar fosas comunes, casitas de pueblo, casas de burgueses de ciudad, plazas y calles… Todo es plasmado con la fidelidad y el respeto que el autor de este tebeo siente y transmite por esta historia y por sus protagonistas. Se agradece esta fidelidad a la verdad, que no es otra que la misma que guió la búsqueda de Agustín Penón.

La araña del olvido supone un cambio de registro en la carrera de Enrique Bonet, hasta ahora autor de títulos pertenecientes al humor gráfico como Pláginas Amarillas (2001) o Sólo para inútiles (2002), editados ambos por Ediciones El Batracio Amarillo. Actualmente es humorista gráfico en el diario La Opinión de Granada y colaborador de otras publicaciones, las cuales, esperamos, no le resten tiempo para ofrecernos muy pronto otro título a la altura de este magnífico La araña del olvido.

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Entrevista a Pere Olivé, historietista

Copio y pego la entrevista que hice la semana pasada al historietista Pere Olivé (Barcelona, 1941) para la revista de cómics 13 Millones de Naves [para leerla en la web, clica AQUÍ]:

Trazar el recorrido profesional de Pere Olivé (Zaragoza, 1941) es como realizar un resumen de la historia del tebeo en nuestro país desde 1970 hasta nuestros días. Es también un signo de los tiempos, ya que las publicaciones en las que este historietista ha colaborado a lo largo de su carrera actuaron de espejo de la sociedad de su momento: desde el TBO de los coletazos de un régimen político que languidecía, pasando por las crónicas políticas de finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo anterior en Por favor o Diari de Barcelona, hasta llegar a los superhéroes americanos de la editorial Planeta que dominaron el mercado del tebeo durante los años 90.

-Para empezar, ¿podríamos decir que es el humor el aspecto más destacado de tu trabajo?

Sin duda es una de mis facetas, aunque mi labor principal ha sido la de grafista. Cursé estudios de Dibujante Proyectista, y trabajé en varias agencias de publicidad como diseñador gráfico antes de dedicarme al mundo editorial.

-Aunque ya habías debutado con una tira en TBO en 1969, profesionalmente comenzaste en 1970 en la revista Patufet -una publicación de tinte catalanista- y, encima, rompiendo moldes, ¿no? ¿Como fue ese camino?

Me llamó un día la agencia el director del TBO, Alberto Viñas, y me ofreció la posibilidad de dibujar todos los anuncios para la revista. Aproveché para ofrecerle algunas tiras y, al poco, el editor de Patufet, Josep Maria Baguñà, me propuso el puesto de redactor jefe para que renovara la publicación, ya que había aparecido a finales de 1968 con un look de los años 30, que no resultaba atractivo en aquel momento.

-Es de suponer que procedías de una tradición ibérica marcada por TBO y otras publicaciones similares, pero ¿reconoces también otras influencias europeas y/o americanas?

Sí, desde niño el TBO era una de mis revistas favoritas y copiaba con frecuencia sus viñetas. Como a tantas personas de mi generación, la lectura de tebeos era una de mis grandes aficiones. El cómic americano lo descubrí mucho más tarde.

-Más tarde, compaginaste tu trabajo en Patufet con TBO, ¿cómo fue la etapa de TBO y en qué consistía tu trabajo en esta publicación?

Mi labor principal era la de adaptar anuncios de todo tipo al estilo del TBO. Cuando se jubiló el dibujante Urda me ofrecieron durante un par de años la sección De todo un poco y dibujé también algunas tiras y pequeñas historietas. Acudía al TBO sólo como colaborador, ya que trabajaba a jornada completa en Editorial Baguña para ocuparme del semanario Patufet y la edición de calendarios.

 

-¿Qué estilos o tendencias de dibujo marcaban la pauta para el público a mediados de los años 70? ¿Te sentías cómodo con lo que demandaba el mercado?

Los años 70 fueron de gran apertura, y cabían todos los estilos y tendencias. Tras cuarenta años de dictadura, los quioscos se poblaron de todo tipo de productos y tanto el público como los autores buscaban nuevas formas de expresión, con influencias de todo tipo tanto americanas como europeas.

-Tu colaboración con TBO cesó a mediados de la década de los 70 y en 1977 ya estás trabajando para Por Favor, la revista impulsada en 1974 por Manuel Vázquez Montalbán y Jaume Perich, muy crítica con aquel momento político. ¿Cómo fue este paso de una publicación infantil a otra enfocada a un público adulto?

A principios de 1973, José Manuel Lara me ofreció trabajar para su empresa y el 14 de febrero de aquel año firmaba contrato para trabajar en Planeta a jornada completa como técnico editorial con el compromiso de aceptar labores de grafista, maquetista, redactor, rotulista, dibujante y todo cuanto pudiera aportar en el departamento de producción según las necesidades de cada momento.
Diseñé varias cubiertas para libros y maqueté cientos de páginas para fascículos y enciclopedias, y también cómics, ya que formé parte del equipo que editaba las colecciones Años de Oro y Noveno Artedirigidas por Luis Gasca.
Fue como bien dices en 1977, cuando el señor Lara montó la división de revistas y compró las cabeceras de Por FavorPlayboyNueva Historia y creó el semanario Opinión. En todas ellas colaboré como grafista y maquetista y también realizando algún dibujo cuando quedaba un hueco libre.

-¿Qué ambiente se respiraba en la redacción en una época tan politizada? ¿Cómo recuerdas aquellos años?

Era muy variado y diverso. Coincidían en las redacciones personas de ideología y talante muy distintos, pero el ambiente era muy bueno. Todo el mundo tenía ideas y propuestas que se exponían en equipo y se llevaban a cabo.

-¿Crees que el humor ácido de Por Favor abrió algún tipo de camino o vereda en el humor de nuestro país? ¿Llenó algún hueco que faltaba?

Sí, abrió puertas para que surgieran muchos caminos en el lenguaje de la sátira. Eran tiempos de búsqueda, y los autores que se inclinaban más por el humor grueso, optaron por revistas como El Papus. Y otros que tenían estilos más sutiles se abrieron camino en las más diversas publicaciones.

-En Por Favor, ilustrabas reportajes y secciones de periodistas como Maruja Torres o Manuel Campo Vidal, por ejemplo, ¿cuál era vuestro sistema de trabajo?

Tras las reuniones de redacción se repartía el trabajo. A mí me pasaban todos los artículos para que los maquetara a mi gusto. Jamás me impusieron nada. Mi eterna gratitud a Perich y a Vázquez Montalbán por darme total libertad en mi tarea. Y por supuesto a Maruja Torres que me permitía ilustrar su sección La ventana indiscreta. Ello dio lugar a que otros periodistas quisieran también que ilustrara sus secciones.

-Llegan los años 80 y colaboras también en el Diario de Barcelona, el cual dejó de publicarse entre octubre de 1980 y 1982, cuando unos pocos empleados comenzaron a editarlo de forma autogestionada. Aunque creo que esta situación no duró mucho ¿no?

Lo del diario fue un intento de plan de salvación en el que fuimos a colaborar muchos profesionales de otros medios para conseguir que no cerrara la publicación, inútil empeño porque sin nadie que pusiera dinero el periódico se hundió. Pero a lo largo de los tres años que duró la aventura pude crear unas cuantas tiras cómicas que me permitieron adquirir soltura dibujando. Los días laborables publicaba País de fábula y los domingos Sauna Ibérica.

 

-Transcurre 1983 cuando te nombran director artístico de Comics Forum, del Grupo Planeta, donde permaneciste hasta 2006, cuando te jubilaste. Es decir, viviste todo el proceso que ha transformado la industria del cómic hasta llegar a nuestros días: primeros salones del cómic en Barcelona y de otras ciudades, relaciones con los autores de éxito, cambio del gusto del público… ¿Cómo resumirías la evolución de alguno de estos aspectos?

Sí, de una estrecha colaboración con el editor Antonio Martín nació la idea de publicar cómics de nuevo, y vimos que por aquel entonces había mucho interés por los Superhéroes USA. Conseguidos los derechos de Marvel, empezamos a editar los personajes más emblemáticos como SpidermanEl increíble HulkLa Patrulla XLos 4 Fantásticos y muchos otros hasta alcanzar los ochenta o noventa títulos al mes. Ello nos obligó a aumentar en seguida el número de colaboradores, ya que era mucho el trabajo en diseñar cubiertas, logotipos, cabeceras de sección, y sobre todo los correos, que nos permitían el contacto con los lectores y creo que ello fue la clave de éxito. Gracias a esa comunicación podíamos saber la evolución de los gustos de la mayoría y editar según las preferencias del lector.

-¿Alguna predilección entre tantos títulos y personajes?

Ninguna preferencia en especial. Trataba de adaptarme a lo que pedía cada título, y carecía de muy poco tiempo para disfrutarlos como un simple lector. Otra de mis labores era la del control de calidad que me obligaba a acudir a las imprentas para revisar los tirajes. Y, contando que muchas de las impresiones eran en Madrid, había que añadir el tiempo de los desplazamientos, que no era poco.

-¿Crees que la explosión del mercado de los superhéroes cambió los gustos del público español o simplemente fueron los tiempos los que estaban cambiando?

Supongo que todo a la vez, pero yo diría que el cambio más radical de los gustos de los lectores se produce en 1992 con la irrupción del manga. Fue con Dragon Ball / Bola de Drac cuando alcanzamos las cifras más espectaculares de venta (85.000 ejemplares por semana) y desde entonces el fenómeno otaku ha ido a más y a mejor.

-Otra faceta muy interesante, muy “síntoma de los tiempos” y en la que pudiste desarrollar tu preferencia por el humor, fue tu etapa como autor de las series Cueros Vivos (Cueros, 1985) Mundo Gay y Sauna Ibérica (Visado, 1984) o Nacho García, chico de compañía publicada en Código 4, (1986) dentro de lo que podríamos llamar cómic gay, muy popular en aquellos tiempos de apertura mental y sexual. ¿Cómo fue eso?

Me lo propuso Marc Rigo de Studios JMR y me pareció un proyecto atractivo, ya que se trataba de la creación de unas cuantas revistas y ello suponía diseñar la maquetación, los logotipos y participar en lo que estaba tan de moda aquellos años. las revistas “de destape”; cinco de temática gay y tres de temática hetero, entre ellas Nenapara la que dibujé la serie Nena, no me des tormento. La irrupción de internet creo que acabó con todas las publicaciones eróticas sobre papel. Si escribes en Google la palabra SEX, cada cual puede hacerse una revista a su medida.

-Yo diría que, abandonar la primera línea de las publicaciones periódicas como guionista y dibujante para asumir la dirección artística en un gran grupo editorial restó protagonismo a tu trabajo como autor. ¿Te arrepientes de no haberte dedicado más a la creación propia en lugar de a la producción del trabajo de otros autores?

No me arrepiento, porqué nunca me consideré un autor sino un grafista que, además, dibuja, y también es rapsoda y colabora en la radio y el teatro. Creo que todas las artes se dan la mano y lo que cuenta es no parar, mientras el cuerpo aguante. Es lo que tiene ser polifacético. Que eres siempre aprendiz de todo y maestro de nada pero siempre me lo he pasado muy bien en todas mis labores y, admito, como me decía Vázquez Montabán, que poseo la erótica del trabajo.

-De toda tu carrera, ¿qué colaboraciones recuerdas con más cariño, alegría o nostalgia?

Recuerdo con mucho cariño las reuniones de redacción del Por Favor, pero en general todo lo vivido. No siento nostalgia, porqué sigo en activo. Ahora mismo me pillas dibujando. Colaboro en la radio y en la prensa comarcal de Sant Just Desvern, el pueblo donde vivo. Editamos la revista mensual La Vall de Verç donde publico la tira Perot Corre-Cuita. También dibujo para la revista Es còdol de Calella de Palafrugell y para el boletín del Club Esportiu Mediterrani. Una abundante selección de todos mis trabajos se pueden ver en la web Humoristan.org

 

-¿Cómo ves el presente y el futuro del tebeo en nuestro país?

A la vista del ambiente vivido en los últimos Salones del Cómic, tanto en Barcelona como en Madrid, creo que el cómic goza de buena salud. Aunque tal vez ya no sea un medio de masas como en tiempos pretéritos. Supongo que se debe a que los modos de entretenimiento son mucho más variados.

-Muchas gracias, Pere, y que continúes en la brecha muchos años más.

Gracias a ti, Encarna. Y que ustedes puedan verlo.

La memoria de la tierra

Casi termina 2017. Para mí, el año de Venta del Rayo (Trampoline Editores, 2017). En total, 8 presentaciones en diferentes lugares desde marzo hasta diciembre: Barcelona, Cornellà de Llobregat (Barcelona), Loja (Granada), Córdoba, Sevilla, Madrid, Les Planes de Sant Joan Despí (Barcelona) y Granada. Muchas conversaciones con gente nueva que ha venido para quedarse. Pero, sobre todo, mucha gente que también era yo en esta historia de memoria e identidad. Cierro año con la última de las reseñas sobre Venta del Rayo, la que el poeta José García Obrero le ha dedicado en “Cuadernos del Sur” de Diario Córdoba. Muchas gracias, compañero:

José García Obrero
09/12/2017

Hay episodios de la historia reciente de España inconclusos o, dicho de una manera más cruda, deliberadamente mal enterrados. Uno de los más duros es el que tiene como protagonistas a los asesinados por el franquismo en la guerra civil y la dictadura. Miles de personas que, a día de hoy, aún se hallan desaparecidas o sepultadas de cualquier forma, pese a la aprobación de una ley de Memoria Histórica, para desesperación de los familiares, que se topan a menudo con la desidia (cuando no la obstaculización) de algunas administraciones e intereses de grupos políticos bajo la excusa del «pasar página».

Venta del Rayo, segunda novela de Encarna Castillo, barcelonesa de origen andaluz, nos enseña que el dolor, cuando la herida no se ha cerrado en firme, salta de generación en generación y le crecen, como a un árbol, las ramas enfermas del silencio o la autonegación. La suma de tanto olvido da lugar a un bosque tenebroso; una sociedad desmemoriada y manipulable, sin futuro.

Escrito en primera persona, Venta del Rayo es una novela autobiográfica que se abre al diálogo con la ficción cuando, precisamente, la autora desea dotar de veracidad algunas escenas o diálogos del pasado.

La historia gira en torno a un episodio personal y familiar dramático: el asesinato por parte del bando franquista de su abuelo, Juan Castillo López, de ideas republicanas. Este suceso se convirtió en un trauma que, de algún modo, empujó a la familia –como a tantos andaluces– a emigrar a una ciudad de la periferia barcelonesa, donde el peso de lo acontecido a Juan Castillo se traduciría en pesadumbre y evitación. Una sombra que la autora trató de disipar tecleando el nombre y apellidos del abuelo en un portal de internet destinado a la búsqueda de represaliados por la dictadura (www.todoslosnombres.org). La información obtenida desencadena una profunda investigación, que pone de manifiesto las injusticias cometidas en aquel tiempo y sus consecuencias en el tejido social y político actual. Esta empresa lleva a la voz narrativa, hasta ese momento la de una joven barcelonesa que disfruta de la eclosión de cosmopolitismo de la ciudad postolímpica, a trasladarse a Andalucía con el fin de estar lo más cerca posible de la Venta del Rayo, la pequeña pedanía de Loja de la que es originaria su familia y que es la raíz y el escenario de la tragedia, y a tomar conciencia de su identidad.

Con prólogo de Baltasar Garzón, Venta del Rayo es un libro que invita al lector a reflexionar acerca de la necesidad de conocer y preservar nuestra memoria frente a un poder que la instrumentaliza en beneficio propio.

‘Venta del Rayo’. Autora: Encarna Castillo. Editorial: Trampoline Editores. Córdoba, 2017

Esquina de mundo, Óscar Sotillos.

Leí Esquina de mundo en el lugar adecuado, creo. En otra esquina de mundo, en la sierra granadina. Realmente, no a tanta distancia el uno del otro y no tan lejos culturalmente como podría parecer, rodeados ambos por restos arqueológicos que certifican la presencia de vida humana en el lugar desde tiempos inmemoriales. En nada se parecían los paisajes, pero tintineaban en la cercanía paradójicamente idénticos. Y poco tenían en común las costumbres de uno y otro lugar, pero no me resultaban en nada extrañas. Debe ser que la esencia de los paraísos rurales de verano alimentados desde la infancia fueron todos construidos con similar atrezo.

Esquina de mundo es un libro para leer despacio y viajar mentalmente. La atmósfera de Montejo de Tiermes, junto a las ruinas de una ciudad celtíbera de Soria donde transcurre este libro, es el viaje destilado por los sueños de un niño que al hacerse mayor viajó siempre llevando consigo el paraíso de la infancia en la retina y el gusto por describirlo en el paladar proustiano. Combray es Tiermes, y la sierra de Granada, y Barcelona, y cualquier lugar donde sus páginas sean leídas. Y es la curiosidad de un niño tatuada en la memoria: “Yo no sé si hace falta irse tan lejos, igual que tampoco sé si la Arcadia soñada se encuentra en el páramo soriano. Lo que sí sospecho es que para ver cumplidos los sueños hay que salir a buscarlos”.

Quizás porque lo local sí resulta universal, quizás porque nuestra retina solo conserva una manera de mirar, la que transcurre a través de aquello que una vez atravesó su pureza, Óscar Sotillos salió a buscar sus sueños donde la curiosidad de adulto lo llevó a viajar; y allí, por sorpresa, encontró elementos comunes con su Montejo de Tiermes familiar. Por ello, Esquina de mundo es, como todo buen libro de memorias, un estupendo libro de viajes: geográfico y existencial. El escritor nos conduce de la India a Mongolia; de Portbou a Essaouira, en Marruecos; de Ibort, en el Pirineo aragonés, al Senegal; de Montejo de Tiermes a Barcelona en el viejo Changai -llamado así por el Shangai Express de la película donde sale Marlene Dietrich-, el tren que recorría los 1.331 kilómetros de Galicia a Barcelona por la antigua vía de Valladolid-Ariza, hoy desmantelada, y describe aquello que su atenta mirada descubrió años atrás, con la que creció y se hizo hombre, con la que años después volvió acompañado ya de su propia hija, alargándole la vida a la tierra –Raíces y ramas lleva por título uno de los últimos capítulos- y regalándole a su hija una patria para dudar -“Los laberintos son la patria de los que dudan”, escuchó el autor decir a Juan Goytisolo en un documental a propósito de las laberínticas callejuelas de Tánger, un símil que él aplicó a su páramo soriano, a su “paisaje primigenio que se multiplica hasta el infinito”-.

Sotillos

Óscar Sotillos y su hija en Sotillos de Caracena, Tiermes, Soria.

El autor transmite de maravilla la sorpresa, la curiosidad y el cariño por este fragmento de paraíso iniciático en tierras de Soria. Tanto que las páginas de este libro despiertan unas inmensas ganas de jugar a las Tabas, escuchar cantar la Tarara a los mozos del pueblo durante las fiestas patronales, conocer el castillo de Medinaceli, tocar la Huella del diablo de Peña Lagarto… De lanzarnos a la carretera y de vivirlo en primera persona tras haberlo experimentado en la lectura. Y es que: “El cemento es tan áspero que la tentación de imaginar paraísos naturales es demasiado poderosa. Es tan fácil dejarse llevar por la idea de que un día encontraremos un lugar en el mundo como en la película de Adolfo Aristarain, que la nostalgia se vuelve del revés y nos encontramos mirando hacia delante, atisbando entre las brumas un futuro más verde, más embriagador, hecho a nuestra medida”.

Otra Esquina de mundo que convertir en nuestra.

Óscar Sotillos, Esquina de mundo, Baile del Sol, Colección Dando Pata, 2016.

Montejo de Tiermes

Vista nocturna de Montejo de Tiermes, Soria.

Una temporada para silbar en “La casita del maestro”

Tuve la suerte de leer Una temporada para silbar cerca de una escuela rural -o escuela unitaria, como se la denomina en el lenguaje técnico académico- semejante a la que se describe en la evocadora novela de Ivan Doig. Una suerte que añadía a mi lectura un componente emocional que me llegaba por partida doble, desde el papel impreso y también desde la cercana realidad.

Tras casi cinco años de trasiego por mi retina -porque se encuentra en la zona del cortijillo donde pasamos algunas temporadas-, esta escuela rural, en cuya fachada aún puede leerse Escuelas Nacionales, ha producido ya algunos de los momentos más gratamente inesperados de mi experiencia emocional. No tantos como el protagonista de la novela de Ivan Doig pudiera coleccionar a lo largo de su vida, pero sí los suficientes como para que ya despierte en mí buenos recuerdos.

Al principio, solo fue de un interesante vestigio de otra época. Una muestra más que el destino nos colocaba delante de las narices para entender lo que había sido vivir en ese paraje, llamado así realmente en cartografía, siendo una niña o un niño sin agua corriente ni luz eléctrica en casa, pero con una escuela a algunos metros de donde se dormía y donde varios chaveas de varias edades, mezclados, compartían aula, profesor, horarios, bocadillos y peleas.

Colegio Los Arenales-Años 60

Escuela rural de la década de los años 60, s. XX (Loja, Granada).

La escuela, actualmente en desuso, es una construcción de los años sesenta del pasado siglo XX, y consta de una única aula, donde aún duermen el sueño eterno los pupitres, las sillas y la pizarra originales. Desconozco todo sobre la historia de esta escuela rural y, precisamente por ello, la imaginación se me dispara imaginando cómo fue estudiar allí. En una de las escasas veces que he preguntado sobre ella, alguien me informó que la valla que la circunda era necesaria -en respuesta a mi sorpresa por la existencia de esta valla justo en medio del campo- para que los chavales no se escaparan y volvieran a sus casas donde seguramente harían más falta para ayudar en las labores del campo o con los animales que quedarse allí y estudiar los ríos y los afluentes de España.

Adyacente a la escuela, una pequeña casa desempeñaba las funciones de habitáculo del profesor o la profesora de turno. En la zona, a esta se la conoce como “La casita del maestro” -¡igual que en la novela de Ivan Doig!- y se alquila actualmente como casa rural desde hace un par de años. Aunque conozco a sus próximos moradores y sé que la van a tratar más que bien, no sé en qué estará pensando el ayuntamiento para exponer su patrimonio histórico así como así sin protegerlo como merece.

Lo que de verdad me emociona de esta escuela es lo que representa como conquista de la Educación en un entorno rural, además del valiosísimo testimonio de cómo fue vivir en el paraje al que esta pertenece, actuando como elemento cohesionador de la vida social del mismo. Aún hoy, cuando los vecinos de la zona queremos hacer una reunión o una fiesta popular, continuamos acudiendo a “La casita del maestro”. Durante estos cinco años, allí he compartido las reuniones para aportar dinero para arreglar un poco los caminos de tierra, comido platos cocinados por mis vecinos en las verbenas organizadas por nosotros mismos, presenciado cómo se mataban algunas gallinas para el arroz popular del domingo, conocido a nuevas personas…

Según me han explicado, muchos de los cortijillos de esta zona de Granada pertenecían a colonos -como los de Montana, otra coincidencia tipo ‘Tan lejos, tan cerca’- a quienes les habían donado un trozo de tierra en el intento de dotar de vida esta sierra austera, de escasa población y terreno seco e irregular.

“Lo que me han pedido, o más bien ordenado, no es solo extinción forzosa de las escuelas unitarias. Con ellas morirán también los distritos rurales, que han venido batallando desde los días de la colonización para sacar adelante sus granjas y sus sembrados en las secas tierras de Montana. (Supongo que es lo ideal para que Billings se llene de gente y sus vendedores de coches hagan negocio.) Ya no habrá escuelas para que los niños estudien. No habrá escuelas para los bailes de los sábados por la noche. No habrá escuelas para el día de las elecciones, ni para las reuniones de las asociaciones de granjeros, ni para el club de jóvenes, ni para el concurso de bordado, ni para el torneo de canasta, ni para el grupo de lectura. Para ninguno de esos encuentros que son el pan y la sal de la comunidad ” (página 298).

Berneta, Ivan, and Charlie Doig in Montana; ranch life before the winter of '44

Berneta, Ivan y Charlie Doig en el rancho familiar, Montana. Foto tomada antes del invierno de 1944.

“En nuestra vida de granjeros los inviernos eran como los anillos de los árboles, circunferencias finas o gruesas que luego crecían hasta fijar un patrón en el recuerdo”. (página 213)

 

Un libro excelente. Y una escuela rural a la que, gracias a la novela de Ivan Doig, entenderé de otra manera y querré diferente.

Doig, Ivan; Una temporada para silbar, Libros del Asteroide, 2011, Barcelona.

Presbicia y otros pecados. “Venta del Rayo”, la última novela de Encarna Castillo

Oigo Voces

Llego a Encarna a través de un amigo de Córdoba, y no deja de ser curioso este nexo tardío y lejano, porque Encarna y yo compartimos las mismas coordenadas de tiempo y espacio. Como yo, ella nació en el extrarradio barcelonés del Llobregat, del que ambos huimos con la veintena hacia el barrio chino de la ciudad condal. El Kentucky, la Bata de Boatiné o el London fueron nuestros nodos en las redes sociales antes de que hubiera móviles en nuestros bolsillos.

Leyendo su última novela confirmo que tenemos otras cosas en común. Venta del Rayo es una historia que indaga en sus raíces familiares, concretamente en la figura de su abuelo asesinado por los sublevados fascistas.

Encarna, ¿una novela más sobre la Guerra Civil?

Exactamente esa es la máxima que tenía en mi cabeza mientras escribía Venta del Rayo: Que no…

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Habitar la pintura

Texto incluido en El color de las horas. Tony Soto, pinturas, catálogo de la exposición dedicada a la pintora Tony Soto (La Coruña, 1951-Córdoba, 2015) en Casa Góngora (del 27 de mayo de 2017 al 11 de junio de 2017).

 

Habitar las horas con la pintura, habitar la misma pintura en una búsqueda constante de cobijo y autoreconocimiento de sí misma a través del color, con ese uso del pigmento tan personal con el que Tony Soto concebía los retratos, objetos y paisajes que ella trazaba en azul, rojo, verde, amarillo… De eso intuyo que se trataba el acto de pintar para Tony Soto: en asir el pincel y ubicarse frente al color enfurecido, el que metamorfoseaba en fuerza existencial para eliminar las aristas que siempre trae consigo la vida; sirviéndose ella del color al igual que lo hubiera hecho de una herramienta más con la que construir pictóricamente un corpus cromático, convirtiéndolo en sugerente objeto y no únicamente en mero utensilio.

Transpiran los cuadros de Tony Soto una extrañeza ante la vida que se traducen en sugerentes títulos para sus exposiciones, como La cabeza a pájaros o Galería de raros, título este tomado del libro que Ramón Carande publicara en 1982 y que, como se cuenta en el prólogo del mismo, conformaba el “espejo de una colectividad”, del que Tony Soto se sirvió para construir su propio espejo con el que retratar la colectividad que la envolvía.

Los cuadros de Galería de raros muestran a los coetáneos de Tony Soto que despertaron en la pintora esa admiración que solo algunos seres provocan en nosotros, adquiriendo su forma en óleos sobre tela, de línea clara y composición geométrica. Un retazo de color junto a otros retazos de color que conforman un viaje que fluye de lo cercano a lo abstracto, conformando una variación tras otra de rostros que deslumbran a quienes los contemplan, igual que en su momento las personas a quienes estos rostros pertenecen deslumbraron a la pintora.

Transitar por los títulos de una exposición a otra de Tony Soto constata que su búsqueda fue plural y variada. La misma búsqueda que ella obliga a realizar al espectador cuando frente a alguna de sus obras este se pregunta a sí mismo o a sí misma en qué punto oculto y remoto del lienzo se unen las líneas de color que componen la figura contemplada, dónde reside el hilo invisible con el que el color cose sin orden aparente la forma, y cómo desde lo ínfimo se alcanza la plenitud visual.

Y es solo, desde esas horas habitadas en la pintura, en íntima costumbre, que el espectador puede encontrar la respuesta a sus preguntas sobre Tony Soto. Y, quizás también, en esa vida a contratiempo junto a Pisco Lira que no es sino simple vivir que el tiempo niega, como recita uno de los estilemas de este escritor y poeta sevillano.                                       

          ENCARNA CASTILLO

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