Una temporada para silbar en “La casita del maestro”

Tuve la suerte de leer Una temporada para silbar cerca de una escuela rural -o escuela unitaria, como se la denomina en el lenguaje técnico académico- semejante a la que se describe en la evocadora novela de Ivan Doig. Una suerte que añadía a mi lectura un componente emocional que me llegaba por partida doble, desde el papel impreso y también desde la cercana realidad.

Tras casi cinco años de trasiego por mi retina -porque se encuentra en la zona del cortijillo donde pasamos algunas temporadas-, esta escuela rural, en cuya fachada aún puede leerse Escuelas Nacionales, ha producido ya algunos de los momentos más gratamente inesperados de mi experiencia emocional. No tantos como el protagonista de la novela de Ivan Doig pudiera coleccionar a lo largo de su vida, pero sí los suficientes como para que ya despierte en mí buenos recuerdos.

Al principio, solo fue de un interesante vestigio de otra época. Una muestra más que el destino nos colocaba delante de las narices para entender lo que había sido vivir en ese paraje, llamado así realmente en cartografía, siendo una niña o un niño sin agua corriente ni luz eléctrica en casa, pero con una escuela a algunos metros de donde se dormía y donde varios chaveas de varias edades, mezclados, compartían aula, profesor, horarios, bocadillos y peleas.

Colegio Los Arenales-Años 60

Escuela rural de la década de los años 60, s. XX (Loja, Granada).

La escuela, actualmente en desuso, es una construcción de los años sesenta del pasado siglo XX, y consta de una única aula, donde aún duermen el sueño eterno los pupitres, las sillas y la pizarra originales. Desconozco todo sobre la historia de esta escuela rural y, precisamente por ello, la imaginación se me dispara imaginando cómo fue estudiar allí. En una de las escasas veces que he preguntado sobre ella, alguien me informó que la valla que la circunda era necesaria -en respuesta a mi sorpresa por la existencia de esta valla justo en medio del campo- para que los chavales no se escaparan y volvieran a sus casas donde seguramente harían más falta para ayudar en las labores del campo o con los animales que quedarse allí y estudiar los ríos y los afluentes de España.

Adyacente a la escuela, una pequeña casa desempeñaba las funciones de habitáculo del profesor o la profesora de turno. En la zona, a esta se la conoce como “La casita del maestro” -¡igual que en la novela de Ivan Doig!- y se alquila actualmente como casa rural desde hace un par de años. Aunque conozco a sus próximos moradores y sé que la van a tratar más que bien, no sé en qué estará pensando el ayuntamiento para exponer su patrimonio histórico así como así sin protegerlo como merece.

Lo que de verdad me emociona de esta escuela es lo que representa como conquista de la Educación en un entorno rural, además del valiosísimo testimonio de cómo fue vivir en el paraje al que esta pertenece, actuando como elemento cohesionador de la vida social del mismo. Aún hoy, cuando los vecinos de la zona queremos hacer una reunión o una fiesta popular, continuamos acudiendo a “La casita del maestro”. Durante estos cinco años, allí he compartido las reuniones para aportar dinero para arreglar un poco los caminos de tierra, comido platos cocinados por mis vecinos en las verbenas organizadas por nosotros mismos, presenciado cómo se mataban algunas gallinas para el arroz popular del domingo, conocido a nuevas personas…

Según me han explicado, muchos de los cortijillos de esta zona de Granada pertenecían a colonos -como los de Montana, otra coincidencia tipo ‘Tan lejos, tan cerca’- a quienes les habían donado un trozo de tierra en el intento de dotar de vida esta sierra austera, de escasa población y terreno seco e irregular.

“Lo que me han pedido, o más bien ordenado, no es solo extinción forzosa de las escuelas unitarias. Con ellas morirán también los distritos rurales, que han venido batallando desde los días de la colonización para sacar adelante sus granjas y sus sembrados en las secas tierras de Montana. (Supongo que es lo ideal para que Billings se llene de gente y sus vendedores de coches hagan negocio.) Ya no habrá escuelas para que los niños estudien. No habrá escuelas para los bailes de los sábados por la noche. No habrá escuelas para el día de las elecciones, ni para las reuniones de las asociaciones de granjeros, ni para el club de jóvenes, ni para el concurso de bordado, ni para el torneo de canasta, ni para el grupo de lectura. Para ninguno de esos encuentros que son el pan y la sal de la comunidad ” (página 298).

Berneta, Ivan, and Charlie Doig in Montana; ranch life before the winter of '44

Berneta, Ivan y Charlie Doig en el rancho familiar, Montana. Foto tomada antes del invierno de 1944.

“En nuestra vida de granjeros los inviernos eran como los anillos de los árboles, circunferencias finas o gruesas que luego crecían hasta fijar un patrón en el recuerdo”. (página 213)

 

Un libro excelente. Y una escuela rural a la que, gracias a la novela de Ivan Doig, entenderé de otra manera y querré diferente.

Doig, Ivan; Una temporada para silbar, Libros del Asteroide, 2011, Barcelona.

Presbicia y otros pecados. “Venta del Rayo”, la última novela de Encarna Castillo

Oigo Voces

Llego a Encarna a través de un amigo de Córdoba, y no deja de ser curioso este nexo tardío y lejano, porque Encarna y yo compartimos las mismas coordenadas de tiempo y espacio. Como yo, ella nació en el extrarradio barcelonés del Llobregat, del que ambos huimos con la veintena hacia el barrio chino de la ciudad condal. El Kentucky, la Bata de Boatiné o el London fueron nuestros nodos en las redes sociales antes de que hubiera móviles en nuestros bolsillos.

Leyendo su última novela confirmo que tenemos otras cosas en común. Venta del Rayo es una historia que indaga en sus raíces familiares, concretamente en la figura de su abuelo asesinado por los sublevados fascistas.

Encarna, ¿una novela más sobre la Guerra Civil?

Exactamente esa es la máxima que tenía en mi cabeza mientras escribía Venta del Rayo: Que no…

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Habitar la pintura

Texto incluido en El color de las horas. Tony Soto, pinturas, catálogo de la exposición dedicada a la pintora Tony Soto (La Coruña, 1951-Córdoba, 2015) en Casa Góngora (del 27 de mayo de 2017 al 11 de junio de 2017).

 

Habitar las horas con la pintura, habitar la misma pintura en una búsqueda constante de cobijo y autoreconocimiento de sí misma a través del color, con ese uso del pigmento tan personal con el que Tony Soto concebía los retratos, objetos y paisajes que ella trazaba en azul, rojo, verde, amarillo… De eso intuyo que se trataba el acto de pintar para Tony Soto: en asir el pincel y ubicarse frente al color enfurecido, el que metamorfoseaba en fuerza existencial para eliminar las aristas que siempre trae consigo la vida; sirviéndose ella del color al igual que lo hubiera hecho de una herramienta más con la que construir pictóricamente un corpus cromático, convirtiéndolo en sugerente objeto y no únicamente en mero utensilio.

Transpiran los cuadros de Tony Soto una extrañeza ante la vida que se traducen en sugerentes títulos para sus exposiciones, como La cabeza a pájaros o Galería de raros, título este tomado del libro que Ramón Carande publicara en 1982 y que, como se cuenta en el prólogo del mismo, conformaba el “espejo de una colectividad”, del que Tony Soto se sirvió para construir su propio espejo con el que retratar la colectividad que la envolvía.

Los cuadros de Galería de raros muestran a los coetáneos de Tony Soto que despertaron en la pintora esa admiración que solo algunos seres provocan en nosotros, adquiriendo su forma en óleos sobre tela, de línea clara y composición geométrica. Un retazo de color junto a otros retazos de color que conforman un viaje que fluye de lo cercano a lo abstracto, conformando una variación tras otra de rostros que deslumbran a quienes los contemplan, igual que en su momento las personas a quienes estos rostros pertenecen deslumbraron a la pintora.

Transitar por los títulos de una exposición a otra de Tony Soto constata que su búsqueda fue plural y variada. La misma búsqueda que ella obliga a realizar al espectador cuando frente a alguna de sus obras este se pregunta a sí mismo o a sí misma en qué punto oculto y remoto del lienzo se unen las líneas de color que componen la figura contemplada, dónde reside el hilo invisible con el que el color cose sin orden aparente la forma, y cómo desde lo ínfimo se alcanza la plenitud visual.

Y es solo, desde esas horas habitadas en la pintura, en íntima costumbre, que el espectador puede encontrar la respuesta a sus preguntas sobre Tony Soto. Y, quizás también, en esa vida a contratiempo junto a Pisco Lira que no es sino simple vivir que el tiempo niega, como recita uno de los estilemas de este escritor y poeta sevillano.                                       

          ENCARNA CASTILLO

Galería

Crónica de la tercera búsqueda de Federico García Lorca

Comencé a escribir sobre la tercera -y última- búsqueda de Federico García Lorca como si de un diario íntimo se tratara. Me pareció la manera más rigurosa de hacerlo y me propuse registrar día a día el avance de los trabajos llevados a cabo en el Peñón del Colorado, Alfacar, por el arqueólogo Javier Navarro en colaboración con el historiador Miguel Caballero. Esta vez se trataba de una iniciativa puesta en marcha por la asociación cultural Regreso con Honor tras haber recaudado unos 12.000 euros de fondos privados procedentes de España, Puerto Rico e Inglaterra. Primer tema espinoso antes de comenzar: España no cuenta con dinero público para realizar este tipo de trabajos y la ley de Memoria Democrática no dispone de ningún tipo de partida económica. Mientras, la Convocatoría Cívica y el juez Baltasar Garzón continúan intentando llevar al parlamento una “Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo”, para lo que se ha puesto en marcha una recogida de firmas a través de Change.org que -a día de hoy- necesita 42.220 firmas más para alcanzar las 150.000 necesarias.

Anotaba y contrastaba las noticias a diario. La mañana del 19 de septiembre, primer día de la búsqueda, comenzó tranquila respecto a las informaciones sobre el inicio de los trabajos de este tercer intento. A primera hora aparecieron reseñas en el Ideal de Granada, el ABC edición Andalucía….Y a medida que la tarde avanzaba la gran mayoría de la prensa nacional ya se había hecho eco de la noticia. Al Ideal se le notaba que llevaba ya muchas líneas escritas sobre ello a lo largo de los años y sabía que ese volvería a ser un tema polémico en la ciudad, por lo que, para evitar susceptibilidades, destacaba la cantidad de dinero que costarían dichos trabajados y especificaba quién lo pagaría. Efectivamente, varios de los escasos comentarios de los lectores de ese periódico se centraban en quejarse de que el dinero público se gastase en buscar restos de la guerra civil. En total, media docena de lectores que criticaban dicha búsqueda y otros tantos que la defendían, todos ellos enzarzados en una reyerta con texto de por medio.

El embrollo informativo era grande porque llevábamos ya tres búsquedas y cada una de ellas poseía su propia personalidad. Para aclararme un poco yo misma, me documenté rápidamente sobre las otras dos. La primera la había realizado la Junta de Andalucía, en 2009, siguiendo instrucciones del historiador Ian Gibson, en Fuente Grande, sin resultado alguno. 70.000 euros para buscar los restos del maestro Dióscoro Galindo y de los banderilleros anarquistas Joaquín Arcollas y Francisco Galadí, fusilados junto a Federico García Lorca. La segunda, en 2014, realizada por la asociación cultural Regreso con Honor siguiendo las pistas que el escritor falangista Eduardo Molina Fajardo -a 500 metros de donde Ian Gibson señalaba como el lugar donde se encontraban las fosas-, había señalado en Los últimos días de García Lorca tras recopilar los testimonios directos de los tres guardias de asalto que la madrugada del 18 de agosto de 1936 estuvieron junto al pelotón de fusilamiento en la zona de Víznar y Alfacar. Los trabajos terminaron cuando se acabó el dinero -unos 23.000 euros que había aportado la Dirección General de Memoria Andaluza- y el georradar dio como resultado que las alteraciones del terreno no eran más que grandes bloques de tierra.

Volvemos al presente y, al parecer, actualmente para encontrar los restos de Lorca hay que echar mano de triquiñuelas legales ya que, como ha señalado el arqueólogo Javier Navarro, el objetivo esta vez se centra en el hallazgo de los pozos que sirvieron a los golpistas para arrojar a más de 400 víctimas de la represión franquista, aunque se calcula que son los restos de unas 2.000 personas los que se encuentran en las fosas de la zona de Alfacar y Víznar. Para lograr el permiso, Sonia Turón -representante desde el sindicato de la CNT de la familia política de Francisco Galadí y Joaquín Arcollas- y Nieves García Catalán -nieta del profesor Dióscoro Galindo-, presentaron una petición de exhumación a la Dirección General de Memoria a mediados del pasado mes de junio de 2016.

A pesar este birlibirloque, en la mayoría de las informaciones aparecidas en la prensa la noticia continúa siendo la búsqueda de Federico García Lorca y no la de los restos de las cuatrocientas personas asesinadas por el franquismo que permanecen enterrados en los tres pozos ubicados en el Peñón del Colorado.

Y es que en España la totalidad de las víctimas de la represión franquista enterradas en fosas comunes sigue teniendo un único apellido: Lorca. Una versión de “Lorca somos todos” que ha llegado desde 1936 hasta la actualidad. Hasta el punto de que encontrar al poeta simboliza una pequeña victoria en la lucha sobre la casi nula aplicación la Ley de la Memoria Histórica, con el permiso y el consenso colectivo que simbólicamente todos hemos rubricado. Encontrar a Lorca es comenzar a recibir el reconocimiento de la historia, porque las instituciones actuales nunca nos ofrecerán ese derecho. Y recuperar sus huesos es otorgar el carácter de incuestionable a lo que las leyes de este país se encargan de dificultar: recuperar los huesos de los nuestros. El conjunto de víctimas ha relegado su protagonismo a los hombres y mujeres próceres, a los forjadores de mitos -como Federico García Lorca para los enterrados en las fosas comunes, Antonio Machado para los muertos camino del exilio o Rafael Alberti para la resistencia en tierras extranjeras- ya que solo así se podrá recuperar el reflejo de nuestra historia personal fragmentada en cada uno de ellos, y porque aún no poseemos legal y plenamente el derecho para poder hacerlo.

El cuarto día de la tercera búsqueda de Lorca, a las 16:21h, comenzó el otoño en España. Los trabajos en el Peñón del Colorado avanzaron más rápido de lo normal y ya habían llegado al nivel de tierra del año 1936. En tres días, se hizo el trabajo de dos semanas gracias a las máquinas aportadas a última hora por la Junta de Andalucía. Se extrajeron 1.500 metros cúbicos y ya destacaba la tierra negruzca sobre la de color ocre, perteneciente a la tierra que se había lanzado sobre ella para construir el fallido campo de fútbol proyectado durante los años ochenta. Era como si el fútbol, además de haberse impuesto a otras formas de ocio, como la misma cultura, se hubiera propuesto mancillar también la memoria.

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Trabajos realizados en el Peñón del Colorado. © EFE

La alarma de Google que creé para la búsqueda de Lorca me trajo también la noticia de la representación de La piedra oscura en Madrid, obra en la que se relata el romance del poeta con Rafael Rodríguez Rapún. Ojalá pueda llegar a verla en noviembre o diciembre, que aún seguirá en cartel.

Pronto, la repetición de contenidos de las noticias que se publicaban casi a diario me pareció tediosa. Pequeñas variantes añadían emoción, como un casquillo de bala encontrado, algún fragmento de cerámica, un trozo de neumático que “podría proceder de una motocicleta militar, lo que aportaría un dato sobre el campo de instrucción situado en esta zona en el verano de 1936 y en cuya cabecera podría situarse la fosa de Lorca”, según informaba el Ideal de Granada el 22 de septiembre… Así que dejé de anotar las escasas novedades que los periódicos desgranaban a diario.

El sexto día, el sábado 24 de septiembre, apareció el segundo tema espinoso que siempre suele aparecer en toda búsqueda de Lorca: la posición del PP en este tema. No tardaron mucho, aunque esperaba que se sumaran antes a la fiesta. Ese día La Vanguardia publicó: “El PP de Granada ha anunciado que pedirá a la Junta explicaciones por la cesión de medios públicos que trabajan en el proyecto de búsqueda de fosas comunes de la Guerra Civil en terrenos de Alfacar (Granada) donde podrían yacer los restos de Federico García Lorca.”

Como siempre, buscaban la grieta por la que seguir regando las raíces de la planta venenosa. La razón que el PP argumentaba se centraba en una situación “anómala y preocupante” en la adjudicación del contrato de conservación de carreteras en la zona Oeste de Granda, ya que en ella se prohibía que esta maquinaria fuera utilizada con fines distintos a la conservación de las carreteras. A la parlamentaria del PP de Granada le preocupaba especialmente la “correcta inversión y el destino de los fondos públicos”, ya que, según ella, los 352 kilómetros de carreteras que comunicaban la zona Oeste con el resto de la provincia quedarían desatendidos y mermaría mucho su trabajo.

Se refería a una retroexcavadora y un camión. Federico García Lorca ya dijo en su momento que «en Granada se agita la peor burguesía de España», y esta parecía empeñada en continuar dándole la razón.

El martes 27 y el miércoles 29 de septiembre se publicaron varias noticias sobre el tercer tema espinoso en la búsqueda del poeta: la reacción de la familia Lorca. En La Vanguardia apareció un artículo donde esta expresaba sentir “cierto escepticismo e indignación” por la búsqueda del poeta. Al parecer, en una entrevista a Andrés Soria, catedrático de Literatura y marido de Laura García Lorca -sobrina del poeta-, en la Cadena Ser, en Granada, este calificó de “paradójico” que encabezara la búsqueda un historiador -Miguel Caballero- que consideraba que el asesinato de Lorca había sido un ajuste de cuentas entre familias de la Vega granadina, en lugar de un crimen político. Además, Andrés Soria mantenía de forma tajante que la familia de Lorca desconocía absolutamente el paradero del poeta.

En otra de las noticias aparecidas el miércoles, la familia Lorca cargaba las tintas para mostrar su desacuerdo con la tercera búsqueda. Y, de nuevo en La Vanguardia, Javier Navarro expresaba que se sentía “molesto” por las declaraciones que el día anterior había realizado la sobrina de Federico y presidenta de la Fundación dedicada al poeta, Laura García Lorca, quien había criticado las teorías del investigador Miguel Caballero.

Además, diecinueve comentarios de lectores del Ideal digital persistían en los rifirrafes entre quienes criticaban que se destinara dinero público para buscar a los muertos y quienes lo defendían. Entre los que oponían abundaba el insulto y el mal gusto. Un tal yester escribió: “A ver si se van un poquito mas abajo que tengo una finquilla, la quiero poner de olivos y los agujeros me saldrían gratis.”

Constato que es en la provincia de Granada donde más comentarios se escriben como colofón a las noticias sobre ese tema. En el resto de provincias resultan escasos.

Pasan los días y a principios de octubre, se encuentran restos balísticos en la zona donde se realizan los trabajos, la que se ubica en el margen izquierdo del sendero que llevaba al campo de instrucción de la Falange, por el que, según los testimonios publicados por los investigadores Eduardo Molina Fajardo y Miguel Caballero, dieron sus últimos pasos Lorca y sus compañeros en la muerte. El equipo de arqueólogos e historiadores se mostraba muy esperanzado en encontrar los restos que buscaban: “Es un hallazgo que nos ha entusiasmado a todos”. Destellos de alegría que se manifestaban en breves entrevistas que mantenían la esperanza y la dosis de noticias sobre la noticia. Pero el mes de octubre avanzaba lentamente y no se encontraban más evidencias de fosas que las reveladas hasta entonces. Nada de restos óseos ni de grandes descubrimientos históricos. Tan solo un pozo, que sí fue hallado aunque muy deteriorado y sin ningún objeto significativo en su interior.

El jueves 20 de octubre la tercera búsqueda de Lorca, Galindo, Arcollas y Galadí llegó a su fin. El equipo de investigación se mostraba abatido por este nuevo fracaso y la esperanza volvía a depositarse en teorías alternativas -nuevos caminos de investigación, los llamaron en los diarios-, que volvían a salir a la luz, como las defendidas por Miguel Caballero, asesor histórico de esta tercera búsqueda: “Importantes evidencias sobre la teoría de que Lorca fuera desenterrado de su propia fosa”, declaraba en el diario Público el 22 de octubre. El periodista Fernando Guijarro había escrito una obra al respecto titulada A Lorca lo desenterraron, en la que explicaba que Lorca había sido desenterrado al poco de haber sido fusilado, y que la familia Lorca había pagado 300.000 pesetas de entonces -que nunca recuperó- por proteger a Federico y que, a cambio, ya que no habían servido para salvarlo, sí permitieron una exhumación de su cadáver, que la familia enterró para siempre en la Huerta de San Vicente, Granada, pero que esta, aclaraba el periodista, “nunca va a querer sacar a la luz la noticia para no perder el mito del poeta”.

El mismo día, leo que La piedra oscura, de Alberto Conejero, se ha estrenado en Bogotá. Lorca no para de viajar a pesar de que no sepamos dónde se encuentra.

El colofón de las noticias llegó también el 22 de octubre con un artículo en el que se explicaba que el ayuntamiento de Alfacar había advertido al equipo de investigadores de la obligación de dejar la zona del Peñón del Colorado tal y como este la había encontrado -como cuando un niño hace una travesura y deber restaurar el orden que con su osadía se atrevió a transgredir- frente a la intención del equipo de investigadores, que pretendía dejar abierta la zona excavada por si hubiera que retomar los trabajos -ya que aún quedaban por excavar algunos metros cuando se les terminó la financiación-, o simplemente recuperar la morfología original del pasaje en lugar de reponer la tierra retirada.

Federico García Lorca moría de nuevo, esta vez por cuarta vez. La tercera búsqueda no resultó ser la definitiva, como esperaba el equipo multidisciplinar -palabra repetida hasta la saciedad en las noticias dedicadas a su tercera búsqueda, junto a retroexcavadora y georradar- que la había llevado a cabo.

Por mi parte, fui a Fuente Vaqueros el verano pasado, en 2015, para visitar la casa-museo de Lorca. Resultó interesante contemplar tan de cerca, y tocar, algunos de los objetos personales del poeta, como un piano que aparece en una de sus célebres fotos de juventud, la cuna -real-, algunos cuadros pintados por el poeta… Casi todo conservado, según nos explicó el guía, gracias a la señora que había cuidado a Federico desde pequeño, ya que esta había guardado en su propia casa todos aquellos reflejos del mito.

Tras la visita, paramos en un bar ubicado cerca de la rotonda de la entrada a Fuente Vaqueros. Hacía muchísimo calor y la sola visión de un cartel publicitario de cervezas nos hacía salivar -si saliva nos quedaba aún-. Nos atendió un camarero muy simpático y, animados por su afabilidad, le preguntamos si él había nacido en allí. Nos contestó que sí, que era de allí de toda la vida. Y, ya lanzados, le perpetramos la pregunta a la que, seguramente, ya se había visto expuesto en otras ocasiones, lanzada por despiadados turistas como nosotros. El camarero respondió pacientemente, tomándose su tiempo e interés, en responder a nuestra, nada original, inquisitiva frase:“Pero en el pueblo, ¿qué se dice sobre dónde está Lorca?”.

El camarero no dudó ni un momento: “Hombre, si tú tuvieras dinero y te hubieran matado al hijo, pues habrías pagado lo que fuera por rescatar su cuerpo, ¿no? Yo ya no sé si se lo llevaron a la Huerta de San Vicente o a otro sitio. Pero que en la fosa esa de Alfacar seguro que ya no está”.

Las noticias cesaron a finales de octubre. Y, seguramente, no se vuelva a hablar de ello hasta que Ian Gibson saque un nuevo libro sobre Federico García Lorca o alguno de los investigadores que mantienen la tesis del desentierro del cuerpo del poeta vuelva a insistir en el tema. Mientras, la Ley de la Memoria Histórica continúa casi tan paralizada como el país mismo y los mitos muertos parecen ser los únicos que nos representan legítimamente.

ESPAÑA CABE EN UN MUSEO

Artículo publicado en El Estado Mental el 17/09/2016.

Hacia la mitad de mi recorrido por la exposición, una simpática mujer de mediana edad, vigilante de sala, explica en un sosegado y clarísimo castellano las peculiaridades de las diferentes regiones españolas a un joven japonés de escaso vocabulario español: “En Jaén, hay mucho aceite. Y del bueno, ¿eh?”, “En Cataluña se habla catalán, pero aquí no”… El joven japonés asiente y articula, no sin esfuerzo, varias preguntas más sobre otros asuntos curiosos de su -presumo- primera visita a España, que la mujer va respondiendo, uno a uno, con paciencia.

Dejo atrás esa sala y a los dos recién conocidos, que continúan charlando y, al parecer, pasándoselo bien en mutua compañía. Ya en el siguiente espacio, impreso en un panel explicativo, leo una breve disertación sobre lo que representó el concepto “lo español”, durante los años 40, en ese territorio llamado España. Quizás aquel rato de asueto comunicativo sobre España entre la vigilante de sala y el joven japonés no se debiera únicamente a la casualidad sino al éxito del planteamiento de la exposición – que transpira “españolidad” por todos sus poros-. Es más, -pienso- aquella conversación solo hubiera sido posible con España de por medio.

El concepto de “lo español” se resume en dicho panel aclarando que el franquismo recurrió a lo popular para crear su propagandístico concepto de “lo español” -mediante el folclore, sobre todo, andaluz- y que en el bando opuesto se representó a través de la resistencia -dentro y fuera del país- al franquismo. Llego a la conclusión de que no me gusta nada eso de la división entre estos dos arquetípicos bandos porque, en mi resumen mental -tras haber leído mucho sobre el tema-, en el fondo no se trató de una lucha exclusivamente política sino más bien de una violenta rivalidad entre clases sociales. Visualmente, para mí no se trató únicamente de un asunto de unos frente a otros sino de unos sobre otros, mucho más complejo que un simple enfrentamiento entre ricos y pobres y que bien podría resumirse en una disputa naturalizada entre el enérgico e inevitable progreso y el recalcitrante feudalismo encarnado en la aristocracia, los militares y el clero.

Salgo de esta sala y pienso que lo mismo ocurre en la novela de Max Aub que da título a esta exposición y que aprovecho para leer -en la misma edición morada con la que mis profesores de instituto de la Transición nos hablaban libro en mano del exilio de nuestros escritores a raíz de la guerra civil española- como excusa para entender mejor esta muestra. En Campo cerrado -novela-, los anarquistas catalanes se mezclaban con los comunistas andaluces, los socialistas murcianos, valencianos, también catalanes, los sindicalistas maños… cuando todos compadreaban, botellas de Priorato en mano, por la Barcelona de preguerra en enfrentamiento constante. Las izquierdas se enfrentaban unas contra otras, sin advertir que sobre ellos, la fuerza feudal los apretujaba desde arriba, contra los adoquines del Barrio Chino y del Paralelo.

Pienso en mi propio concepto de “lo español” y no encuentro una definición propia sino es por oposición a cualquier otro concepto que exprese cualquier otra nacionalidad. Es decir, igual que se explica en el panel que la resistencia al franquismo ejercía. Actualmente, no veo matices sino diferencias. ¿Significa eso que debo sentirme resistencia?

Continúo mi paseo por la exposición. De lo que veo, a nivel artístico, descubro -más bien recupero porque creo recordar que alguna vez vi algún cuadro suyo que después olvidé- y me entusiasma la obra figurativa de Ignacio Zuloaga -quien me parece un Norman Rockwell nacional- y José Gutiérrez Solana. Contemplo con admiración los cuadros de Benjamín Palencia y Pancho Cossío, las fotografías de Martín Santos Yubero y Nicolás Muller… Me resulta significativo que Pere Pruna, Josep Ma Sert y Víctor D’Ors, insignes hijos del pueblo catalán, trabajaran tan fervientemente por la causa franquista. Paralelamente, en Campo cerrado, de Max Aub, leo sobre entusiastas falangistas de Barcelona apellidados Bosch, Rubió y otros “jóvenes, con cara luciente y pantalones de buena familia”. Me produce desasosiego la pintura Ruinas, de Luis Quintanilla. Me apunto para investigar más sobre el Circuito perifónico, de José Val del Omar, las revistas Reconstrucción, Vértice… Me resulta irónico que el proyecto de viviendas para jornaleros y artesanos del arquitecto Fernando García Rozas, en 1940, haya terminando siendo sinónimo del lugar donde en la actualidad viven los ricos de Madrid. Me fascina el nombre que el Ministerio de la Gobernación dio entre 1940 y 1948 al departamento encargado de la reconstrucción de viviendas y lugares destruidos: Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. Pienso, en una asociación fácil de ideas, que continuamos igual de devastados, que nunca dejamos de estarlo y que los tiempos de bonanza solo fueron un breve descanso.

En otra sala, un reportaje fotográfico sobre las cuevas de Almería, realizado en 1943, me llama poderosamente la atención: grupos de personas que habitaban las cuevas del puerto, de la Alcazaba, del Barranco del Bernardo… Los comentarios -humillantes y ridiculizantes- de los pies de fotos de los empleados de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones continúan la misma línea que la propaganda militar franquista utilizó durante la guerra para degradar a los simpatizantes de izquierdas y a los pobres, asemejándolos a animales y seres infrahumanos.

Más adelante, entro en una sala dedicada al exilio exterior: Remedios Varo, Max Aub, J.R. Sender… Constato que el concepto “exilio interior” se sigue obviando en la mayoría de discursos sobre la posguerra española. Sí, ya sé. Para algunos el “exilio interior” se encuentra representado por quienes resistían dentro del país en situación de sometimiento. Eran millones y vivían dentro del país, por lo que no es necesario referirse a ellos porque se da por obvio que el exilio interior se llevaba a cabo diariamente. Sin embargo, echo en falta que no se haga más hincapié sobre él.

Salgo de la exposición reflexionando sobre el arte como herramienta para el control político. ¿Qué ocurre ahora que el arte tiene toda la libertad del mundo? Que ya no vale. La libertad ha terminando engullendo su propio discurso. En el presente, la represión en el arte ha cambiado de ejecutor ya que, hoy en día, esta represión la ejerce el mismo público, dándole la espalda -exceptuando las prestigiosas exposiciones en los museos de renombre, en los que puede sentirse masa espectadora- y despojándolo de su función como herramienta de expresión y denuncia. La propia sociedad ha decidido anular al arte como herramienta de lucha y, en la actualidad, el público ejerce de censor.
Y sin embargo, al preguntar en la librería del museo por el catálogo de la exposición me dicen que ya está agotado. Bueno, quizás, como siempre, me equivoque en mis análisis. O eso, o quizás la tirada de ejemplares impresos haya sido escasa. La crisis, ahora se trata siempre de la crisis.

Bajo las escalinatas del Museo Reina Sofía pensando que no es que España esté cambiando. Es que ya ha cambiado. Y aún cabe en un museo.

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Campo cerrado. Arte y poder en la posguerra española. 1939-1953

27 de abril – 26 de septiembre de 2016
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid

Jaap van der Horst: fotografías en color de los años 50 y 60 en EEUU.

En este enlace, algunas de las fotografías que Jaap van der Horst tomó de las calles de EEUU durante las décadas de los años 50 y 60.

 

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Verano de 2014: una generosa reseña y un cuento de regalo

Dependiendo de la circunstancia, a veces he pensado que una lectura atenta y comentada es preferible a una crítica académica porque aporta motivos para la conversación distendida. Y, como me ha sucedido a mí, descubre cosas que ni el/la mismo/a autor/a sospechaba que estuvieran allí, en aquella novela que un día escribió y que aún se sigue leyendo.

Este es el caso de la reseña que Sícoris Riba ha realizado de Cold Turkey en “Des de la meva riba”: www.desdelamevariba.blogspot.com.es

Nunca me cansaré de admirar la infinita generosidad  de todos esos blogs personales, que dedican su tiempo a escribir sobre las obras de otros simplemente porque les han gustado y desean compartirlas con los demás. Así que muchas gracias, Sícoris Riba.

Y, haciendo doblete -porque en verano todo se puede-, quisiera hablaros aquí también de Tamara Romero. Otra autora independiente que no para de publicar. Aunque ella se autodefine como autora de fantasy y weird, yo ampliaría estos compartimentos literarios y rogaría que el lector prestara atención sobre la manera en la que Tamara Romero es capaz de sacarnos de las atmósferas intemporales creadas por su imaginación a fuerza de bofetadas de presente.

Para quien quiera hacerse una idea del universo Tamara Romero, la autora regala desde esta semana un cuento, Tiburón Piñata, que puede ser descargado desde su blog: www.tamararomero,wordpress.com

tiburonesdepapel

Buen verano para todos.

En septiembre haré algunos cambios en el blog para empezar a dar acogida aquí a algunas notas y noticias sobre mi nueva novela, ya en curso.

¡Salud!

Shorty Rogers y el nacimiento del West Coast Jazz

El jazz de la década de los cincuenta disco a disco:

     2. Modern Sounds, Shorty Rogers & His Giants (1951, Capitol Records H-294)

«Escucha, Shorty. Ya eres un hombre ¿no? Pequeño… Pero un hombre», dijo Bob tomándole el pelo a su amigo. El bar, en Hamilton Heights, Harlem, era oscuro y con rincones a los que era mejor no acercarse porque algunos tipos de otros barrios gestionaban sus trapicheos en destartaladas mesas. Cuando eso ocurría, resultaba preferible quedarse en la barra. Bob y Shorty solían citarse en el bar cada miércoles porque era el más cercano a la Hig School of Music & Arts, donde este se formaba como trompetista, aunque siempre comentaban al salir que sería preferible ir cambiando de lugar.

Shorty Rogers en la década de los cincuenta.

Shorty Rogers en la década de los cincuenta.

Era 1942 y el «enano» Rogers quería mambo. Esa era la expresión que por entonces utilizaba cuando lo que deseaba decir era que necesitaba emociones fuertes. Llevaba casi tres años en la escuela y le faltaba muy poco para acabar sus estudios de música.  En sus comienzos tocaba el bugle, una especie de corneta, pero pronto le resultó demasiado simple e infantil y a los 13 años lo cambió por la sofisticación de la trompeta. Desde bien pronto, Shorty supo que hubiera hecho el ridículo en cualquier big band si se hubiera presentado allí con el bugle con el que había empezado en la banda de Boy Scouts de Veteranos de Guerra Judíos del Bronx. Pero le quedó para siempre el cariño por ese instrumento y años más tarde, ya en California, lo incluyó en algunas de sus composiciones propias, cuando ya era toda una celebridad del jazz.

Shorty Rogers en la orquesta de Woody Herman durabte la grabación del disco "The Thundering Herds" (1946-1947).

Shorty Rogers en la orquesta de Woody Herman durabte la grabación del disco “The Thundering Herds” (1946-1947).

–Will pensará que eres un mocoso si ahora te echas para atrás –dijo Bob.

–Ya. Mi padre lo entiende, pero mi madre… Me está haciendo la vida imposible.

–Ya no eres un niño, Shorty. Ya te lo he dicho –dijo Bob mordisqueando el palillo de dientes que, con pericia, sujetaba en la comisura derecha de los labios.

Shorty tenía ya 22 años y había decidido no acabar sus clases en la escuela e irse de gira con la big band de Will Bradley, que acababa de contratarlo. Ya no era un niño. Y Bob se lo repetía con una insistencia que empezaba a cansar a Shorty, como para reafirmarse a sí mismo que él tampoco lo era –y durante algún tiempo se empeñó en mordisquear aquellos asquerosos palillos que él creía le daban un aire de matón y de persona a quien era mejor respetar, confundiendo la madurez con el temor al otro–.

Algunas semanas después, la madre de Shorty entendió que aquello ya no había quien lo parara y que la vida de Shorty empujaba mucho más que su afán de protección maternal. Así que Milton, como se le conocía en casa porque ese era su verdadero nombre, Milton Michael Rajonsky, fue autorizado a irse de gira con Will Bradley. Todo fue bien para Shorty y empezó a ganar algún dinero. Cuando la gira acabó, estuvo algunos meses con la big band de Red Norvo, hasta que tuvo que dejar la música profesional por un tiempo para irse a servir al Ejército.

Shorty Rogers en California durante la década de 1950.

Shorty Rogers en California durante la década de 1950.

Shorty siempre recordaría aquella conversación con Bob. Aquellos barrios –el Bronx, el Harlem…– les obligaron muy pronto a dejar de ser unos niños, pero a Shorty aquella lucha porque los demás ya no lo consideraran un niño le duró un tiempo más. Hasta que su pelo comenzó a encanecer. En cambio, a Bob le bastó con desprenderse de aquellos palillos pringosos. Cuando Shorty le perdió la pista, Bob trabajaba como jefe de mantenimiento de un edificio de oficinas de Manhattan. En esa época Bob iba a verlo de vez en cuando a algunos de los shows en los que participaba su amigo, pero después Shorty se mudó de estado y perdieron el contacto. Bob nunca más pudo volver a tomarle el pelo por su estatura y Shorty a veces echaba de menos sus bromas de matón callejero.

Acabó el servicio militar en 1945 y se incorporó al First Herd, que era como a Woody Herman le gustaba llamar a su big band. Un tipo curioso este Woody… Congenió muy bien con él. Al año siguiente, Woody hizo un parón y Shorty trabajó con Charlie Barnet. Hasta que en 1947 Woody Herman formó su Second Herd y Shorty no dudó en volver con él.

Fue en aquella época cuando Shorty comenzó a componer. Sus años en la High School Music & Arts le ayudaron muchísimo con las notas y las partituras. Y así de bien le salió Lemon Drop. A Stan Kenton, otro músico del circuito de las big bands y referente del sonido cool, le encantó Lemon Drop y le propuso que se fuera con él a su banda, a California. Corría el año 1950 y Stan le dio manga ancha para que Shorty compusiera todo lo que quisiera. Poco después llegaron Jolly Rogers y Round Robin, piezas de swing muy potentes pensadas para ser tocadas en directo. Fue entonces cuando empezó a vestirse más cool, con camisas de corte recto y de aspecto muy pulido y luminoso. Se encontraba totalmente instalado en California y eso se notaba en su nueva manera de vivir.

Stan Kenton y Shorty Rogers en Atlanta, Georgia, 1950. Foto: Herman Leonard.

Stan Kenton y Shorty Rogers en Atlanta, Georgia, 1950. Foto: Herman Leonard.

A pesar de haberse formado musicalmente en Nueva York, a Shorty nunca le interesó el be bop ni lo que se comenzaba a hacer en ese nuevo estilo al que llamaban hard bop, aún más recio de sonido que el jazz de los años 40. Él se limitó a seguir por el camino que había empezado en el swing. En las grandes orquestas se sentía a gusto. Había sido su hábitat desde sus comienzos. Y eso se notaría en éxitos posteriores para el cine y la televisión, como las bandas sonoras, de potente sonido orquestal, de El salvaje (1953), El hombre del brazo de oro (1955) o algunos capítulos de la segunda temporada de Starsky y Hutch (1976) y otros tantos en la serie The Love Boat.

Por otro lado, Shorty se sentía muy cercano al Miles Davis de aquel entonces. Tenía conocimiento del sonido en el que Miles Davis estaba trabajando en 1948, de aquel nuevo y suave sonido que, más tarde, conformarían el  disco Bird of the Cool. Davis llevaba un camino parecido al suyo: forjado en big bands de swing, proponía un jazz más pausado que el que se escuchaba en los clubs neoyorquinos. Después sus caminos se separaron, cuando a Miles, inexplicablemente, comenzó a fascinarle el be bop. Fue el primero de esos giros de registro de Miles y que le hacían producir obras maestras en cada nuevo estilo en el que se metiera. A Shorty, Miles siempre le pareció un tipo escurridizo. Lo admiraba, pero siempre se mantuvo una prudencial distancia musical y personal con él. En el fondo, no acababa de fiarse de Davis. A Davis solo le interesaba su propia música y Shorty era un chico entregado por completo a las grandes bandas.

Un par de años más tarde, en los Ángeles, Shorty Rogers comenzó a ser un referente para el nuevo sonido con el que experimentaban las bandas de swing y a las discográficas no se les pasó por alto. La Capitol Records le dio una oportunidad y le propuso grabar, en 1951, un disco, para el que reunió a una banda a  la que llamó Giants.

"Modern Sounds". Shorty Rogers & His Giants (Capitol, 1951).

“Modern Sounds”. Shorty Rogers & His Giants (Capitol, 1951).

Si Bob lo viera ahora… Al lado de sus gigantes… Casi todos los Giants procedían de la banda de Stan Kenton. El sonido cool, los ecos de Count Basie y el jazz latino se mezclaban armoniosamente, consolidando las bases del jazz de la costa oeste.

Modern Sounds (Capitol, 1951) fue la propuesta sonora de Shorty Rogers para la nueva década de los 50. A partir de entonces, el  sonido West Coast explotó y Shorty se convirtió en uno de los más importantes referentes de esa manera de tocar jazz. Gil Evans, Chet Baker, Eric Dolphy, Stan Getz… sacaban discos de luminosas portadas con el mar, el sol, los barcos, las palmeras… que, como Shorty Rogers, parecían no parar nunca de crecer.

 

Modern Sounds, Shorty Rogers & His Giants (1951, Capitol Records H-294):

1 – A Mile Down The Highway (There’s A Toll Bridge)

2 – Do It Again

3 – He Can Come Back Anytime He Wants To

4 – Popo

5 – Didi

6 – Four Mothers

7 – Over The Rainbow

8 – Apropos

9 – Sam And The Lady

10 – Popo

11 – What’s New?

12 – Lullaby In Rhythm

13 – All The Things You Are

14 – Robbins Nest

15 – Body And Soul

16 – Jive At Five

17 – Tin Tin Deo

18 – Cheroke

Ya instalado en la década de 1950, Shorty se lo pasó muy bien extraoficialmente con otras cosas que no pasaron con tanta celebridad a la historia del jazz. Quizás Shorty nunca olvidó al matón de Bob y participaba en estas grabaciones de discos de Rock and Roll de Boots Brown and His Blockbusters para que su amigo Bob lo escuchara. Por si nunca más volvía a ver a aquel matón de barrio de mentirijillas.

Más información sobre las sesiones de Rock and Roll de Shorty Rogers en:  http://www.jazzwax.com/2013/06/shorty-rogers-rock-sessions.html